¡Agóbiate!

Debe uno molestarse por política

Por, Luis Alberto Nina

Agobiarse por politica

El ser humano de hoy, en esta era del conocimiento, debe abrirse más al análisis. Hoy más que nunca tenemos los medios para educarnos imparablemente y todavía más objetivamente. Hoy más que nunca podemos arribar a verdades fácticas que antes quedaban en la distancia, y a acordar que estamos en desacuerdo con las filosóficas. El psicólogo Herbert Gerjuoy, citado por el sociólogo–futurista, Alvin Toffler, en su libro, “El shock del futuro”, habla un poco del cómo debe vivir epistemológicamente una persona de esta era: “Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.”

Me he llevado una tremenda decepción en estas pasadas –que todavía siguen– elecciones. No sólo con toda esta pésima institucionalidad, principalmente la infuncionalidad la Junta Central Electoral, que posiblemente hace más mal que bien; sino también con el sistema político dominicano al igual que con una gran parte de los ciudadanos, entre éstos, varias amistades mía. El adagio dicta que, “No debe uno perder su amistad por ‘política’”. O algo así se expresa… Una paremia de las que yo estoy completamente en desacuerdo, y ahora explico el porqué corresponde a un sofisma.

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La expresión citada por Gerjuoy, su ideal, nos convoca automáticamente a una autoreflexión. ¿Será verdad lo que dice, y si lo es, cómo arribamos a esa conclusión? Es fácil: todos sabemos que ya hoy en día existen dos tipos de analfabetas: las personas que no saben leer ni escribir, los tradicionales; y las personas, aparte de que quizá sepan leer y/o escribir, no logran conceptualizar. Conceptualizar es, según La Real Academia Española: “Reducir algo a un concepto o representación mental”. Conceptualizar, para mí, no es más que, llegar a una conclusión exhaustiva mediante la construcción y análisis de lo que se percibe con lo que se sabe, intentando bajo todo criterio, el empleo de la objetividad –y por ende– el desprendimiento de cualquier sesgo o vicio que pueda alterar una realidad. De modo que, para conceptualizar es necesario, como dice Gerjuoy, que aprendamos las cosas que no sabemos, que nos desprendamos de las cosas viejas que en un momento quizá tuvieron asidero, pero que hoy no; y que, reaprendamos lo que hemos olvidado o descuidado. Gerjouy hace uso de una lógica en que se avizora un siglo con muchas fuentes del entendimiento.

Por consiguiente, para entender el porqué constituye un sofisma la paremia citada más arriba, sobre que por política no debemos dejar de ser amigos, es necesario que nos desprendamos de una de las cosas que aprendimos antes, y que posiblemente ha perdido su uso; que conceptualice. Por ejemplo, ¿se debe uno molestar con un pederasta? Yo creo fielmente que sí. ¿Y con una madre que oculta a su hijo después que éste asesinó a dos personas? ¿Nos debemos hacer enemigos de un vecino que vende narcóticos? ¿Debemos dejar de hablarle a alguien que quiere que todos los negros mueran? Yo creo que las respuestas a todas estas interrogantes es una sola, un sí. No obstante, tenemos la idea de que, cuando se es político, todo este razonar se deja fuera. O sea, que no debemos pensar igual; debemos ser amigos de Félix Bautista, independientemente que éste no asesinó a alguien de manera directa, pero sí lo hizo robándole el dinero a hospitales que luego no dieron a trastes con sus funciones; no debemos tampoco molestarnos por quien apoya a Miguel Vargas Maldonado, que aunque no fue que violara sexualmente a una persona, sino que fue peor, traicionó a nuestra democracia, lo hizo a una escala mayor… ¿Existe diferencia entre un corrupto o un asesino, en quien defiende a un corrupto o a un asesino? ¿Realmente existe tal diferencia? No creo…

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Debatir política no es lo mismo que debatir sobre una película: ¿qué actores hicieron un mejor teatro o quiénes participaron? Debatir política no es lo mismo que debatir deportes, ¿cuál equipo o jugador es mejor o peor? Debatir sobre política no es lo mismo que debatir sobre una profesión, un hecho histórico, un sueño o un dato técnico. No es lo mismo. Cuando se debate de política se debate sobre la salud de la ciudadanía, sobre el futuro del medioambiente, sobre la protección de los animales, sobre los derechos individuales, sobre la justicia, la economía, la alimentación y las libertades de todos los que habitan en ella, entre otros temas. En contraste a la política, todas esas eventualidades son una dramatización de una realidad alterada con el fin de entretenimiento para generar riqueza. No obstante, la política… hablar de ella es algo serio, una realidad, y como tal amerita seriedad. Por eso cuando me dicen que por política no debo molestarme, cuando me dicen que por política no debo incomodarme con nadie, que por política no debo decir la verdad, me están diciendo que de algo serio debo hacer un relajo, que no debo preocuparme por la sociedad, por el futuro de todos; que debo ignorar a quienes son corruptos, a quienes son delincuentes, a quienes mienten con tal de un fin deleznable, a quienes defienden a un racista, a un sexista, a un xenófobo, a un edadista, a un homofóbico, a un ser no preparado para gobernarnos. Y no. Todo esto sí importa. Importa porque nos define.

Es por eso que creo que, es un sofisma decir que, por política no debemos inquietarnos. Quien defiende estas cosas inhumanas que hacen estos políticos, está defendiendo o no luchando, a veces es lo mismo, a quienes abusan, está dejando solo a la gente más vulnerable de una nación. En fin, está de parte de lo mal hecho. Que para mí es igual al que defiende a un violador, a un asesino, a un ladrón. En mi caso, de igual modo, si eres amigo de un defensor de alguien que delinque, no eres mi amigo, como tampoco lo serás si eres defensor de un político que ha destrozado nuestra nación. Esto ni es filosófico y menos es un juego. Llámenme intolerante; o como diría Sartre, “un ente responsable que se agobia por lo que merece preocupación”… Volviendo a Trump, por ejemplo, alguien que defiende a esta basura del siglo XIX, es igual que alguien que defiende a un terrorista. Alguien así no puede ser mi amigo. Esto no es deporte, ni farándula, ni teatro, ni nada en esa tesitura. Esto es serio y como tal amerita consecuencias fuertes. Hablamos del futuro de nuestra sociedad, no de un recreo de muñecas.

¡Que la política mañana pasa! ¡Mentira! La política nunca pasa; ¿todos los días se come o no? ¿Todos los días se es libre o no? ¿Todos los días se quiere justicia, se quiere esperanza, se desea futuro y derechos? Entonces, todos los días son de política.

Fuente (RAE)     /     Fuente (fotos)

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