Ambición

Por, Luis Alberto Nina

La ambición, la maldita ambición es uno de los pilares que nos tiene a todos jodidos, separados. “Según la Real Academia Española, la ambición se define como el deseo de obtener poder, riquezas o fama. Y el término puede utilizarse de manera positiva o con sentido negativo.” Y sí, todos entendemos que sin deseo no hay evolución, que sin querer no hay desarrollo y que sin ambición no hay progreso, etc. Pero hablamos de la ambición sin control o desmedida; de la ambición irregular, sin juicio.Ambicion

La ambición, aspecto negativo

Lo queremos todo, lo buscamos todo; hasta le rogamos a Dios por todo y de todo; todo, todo, todo… Sólo para nosotros. Para nadie más. Si se le da lo mismo al otro, a otros, entonces quiero más; quiero más poder, más dinero, más material, más fama. Quiero, quiero, quiero, lo quiero todo. Todo y sólo para mí. Y los dominicanos no somos la excepción a todo esto. Mas, yo creo que nuestra combinación es todavía más letal. Porque nuestro complejo de inseguridad es demasiado crítico: ni somos pobres, ni somos “negros”, ni somos analfabetos funcionales. Somos lo máximo, aún no seamos lo que decimos que somos o no tengamos lo que decimos que tenemos. Y como en el fondo se es lo que se es, nos vemos en la obligación inminente de ser o tener lo que por tanto hemos pretendido, y lo intentamos a cómo dé lugar. No importa si el presidente de la República admite que asesinó, que violó, que robó, que mintió, que torturó o hasta que no es dominicano, como sea, si al típico dominicano se le prometió un puesto, una “botella” (dinero que se le da sin trabajar) o algún tipo de ayuda material (con el mismo dinero del pueblo), éste lo va a defender “con uña y diente”. El dominicano por sus aplausos, por algo material, por una posición, y por lucir bien delante de los suyos y no suyos, es capaz de lo que sea, hasta de “venderle el alma al mismo diablo”. A este tipo de dominicano el folklor lo denomina “bultero”; que es alguien que aparenta ser o tener lo que no es o tiene, respectivamente…

Y sí, por consiguiente somos ambiciosos, de esto no hay duda alguna. Nos gusta demasiado el dinero, nos encanta lo material, nos enamora la fama y por poder nos transformamos  en aduladores profesionales (a los que también el folklor llama  “lambones”).Ambicion

Los analfabetos funcionales también son lambones

Existe una ola de dominicanos con títulos universitarios. Y mi querida amiga y maestra, Maria Aquino, les llama “titulados”, no profesionales. Para ella, ser profesional, va más allá de completar un requisito universitario. Existen los otros que nunca han asistido a la universidad; y entre éstos están los que nunca han sostenido un lápiz por más de un minuto. Y se pudiera creer que entre estos dos grupos existe alguna diferencia intelectual, pero no es así. Ambos son analfabetos funcionales; unos que no funcionan en lo absoluto, y los otros que todavía no lo saben; y que también son ambiciosos. Y lo son, porque a pesar de que algunos han estudiado algo, todavía no se desprenden de quererlo todo, de querer de a mucho; y para conseguirlo, se pudiera decir que son capaces de hacer y dejar de hacer lo que sea, con leves excepciones… Y menciono a estos grupos porque quiero dar a entender que solo aquellos que no se desprenden de tanta ignorancia son capaces de seguir creyendo que es detrás de la ambición que vive el éxito, que vive el desarrollo colectivo, que vive lo humano o la misma esencia de la existencia. Y no es así: la ambición nos humilla…  De modo que, yo creo que son pocos los dominicanos que se han escapado de este estigma trascendental, dueño del capitalismo, de la inseguridad mental, de la corta educación. Y que han entendido que la ambición no es buena del todo. No hay nada de malo con querer superarse. Sin embargo, llevarlo al extremo, nos lástima a todos.

La ambición desmedida es una de las causantes de que nunca avancemos realmente.

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