Convicciones de mi antihalago

Por, Luis Alberto Nina

Convicciones de mi antihalago

En lo que a mí se respecta, cuando actúo y no tengo algo bien definido, tiendo a hacerle mucho caso a –como dicen los gringos– mis Guts, a mis convicciones, cualesquiera que sean, como resulten. Cuando percibo algo como negativo, digo que es negativo aunque no tenga una respuesta, aunque no haya elucubrado alguna definición «inteligente». Asumo que esto sale desde mis Guts. Por ejemplo, no me gustan las peleas de boxeo. No las soporto. Nunca entendí la razón, siendo yo un aficionado de los deportes. Hasta hace como dos años, en una de esas peleas épicas, la comidilla del momento, cuestioné mi decisión; después de analizarla más bien, arribé a la siguiente conclusión: «Es increíble, adonde ha llegado esta humanidad: una ‘pelea’ tiene al mundo paralizado. Dos personas dándose golpes… Inaudito y hasta espeluznante. Hemos regresado a ‘aquellos enfrentamientos barbáricos del Imperio Romano’, pero a las puras trompadas, y no sólo es el espectáculo, sino que hemos maniobrado todo para –de modo directo– beneficiarnos económicamente del insulto. ¡Caramba! ¡Cuánta incoherencia, exhibicionismo y salvajismo!» Finalmente entendí el porqué aborrecía tanto el boxeo. Con esto no digo que sea mi verdad la que debe imperar ni otros aromas parecidos, sino que, al menos en lo que a mi vida se respecta, la vivo de acuerdo a mis convicciones.

Mayweather Paquiao

Anoche, que es el ejemplo del que deseaba hablar, me preguntó una amiga: «¿por qué es que no te gustan los halagos, que cuando se te dice algo, te quedas callado o no reaccionas como lo hacemos muchos? Parece como que te molestan»…

De igual modo, la respuesta tiene que ver con mis Guts o convicciones; que no me cuadra la gracia del halago, ni reaccionar ante él/ellos. Sin embargo, con la siguiente cita de nuestro inmenso Facundo, que se nos fue a destiempo y aun así, marcó una época trascendental en la vida de todos a quienes nos tocó su magia, planeo responderle a quienes les nace la intriga «el antihalago», llamémosle: «el que acepta un halago, empieza a ser dominado». A lo mejor es por esto que no me motivan. Tan pronto tenga la respuesta, la vierto. Por ahora, mi razonar no llega hasta tanto. No obstante, la idea de Facundo me parece fenomenal. Aunuqe no podemos negar que, aceptar un halago es entener que lo dicho es cierto… quizá muestre un poco de inmodestia. A lo mejor…

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