La ventana del sometimiento

Antipoeta

La ventana del sometimiento
Yo creo que todos necesitamos una ventana por donde escapar, cuando queramos, cuando nos dé la gana. Y creo que a veces esa ventana está allí, está cerquita de nosotros, a nuestra voluntad. Y a veces son muchas las ventanas que se quedan, que muentran brillantez. Y puede alguien, un intruso, un enemigo como le llamo, tenerlas cerrada, tenerlas agarrada; intentando que no salgamos volando, rompiendo cada orificio de nuestra libertad. Estos enemigos se presentan cerca, igualmente, envolviéndonos en esa rutina que nos carcome. Y que entonces, se nos muera el tiempo con los él, con las ella que se nos asoman, que nos tienen. Porque quizá sea que nos toque puramente a nosotros hacer el esfuerzo; hasta gritar si es necesario, alarmarnos, ponernos pendencieros, al menos intentar brincar; a ver si salimos de allí, de aquella burbuja ya pegajosa y probablemente ordinaria… Te digo, Antipoeta, los goces de la vida no se manifiestan a simples verdades acostumbradas, tenemos que romper las mentiras internas y sobrepasar del escondite. Debemos acelerarnos, debemos inspirarnos, debemos desestabilizarnos… Y entonces así, quizá logremos encontrarnos… Te digo, las cosas buenas merecen esfuerzo, las cosas buenas dan susto, las cosas buenas son para valientes.
La ventana del sometimiento
Todo lo bueno lo crea su ausencia. Es algo biológico de las trampas del vivir. Queremos lo que no tenemos, lo adoramos; amamos lo que no se da, lo que no quiere o puede. Es imprescindible que tengamos eso, no aquello; eso… Porque es ése, el que me dice que no, el que es casi imposible… Las ventanas de la felicidad están allí. Si quieres volar, debes abrir una de ellas, debes saltar… Y olvidarte de la gravedad aunque sea de ustedes. Y olvidarte del futuro, y apretarte a la suerte y a las ganas. Ya en el aire, verás que se respira mejor…
 
La ventana del sometimiento

Sométete es: déjate seguir acariciando, seduciendo. Si Ella se somete, Ella me permite hacer mis suciedades dentro de Ella, adivinarla como me dé la gana, sentar un precedente con su piel, llenarlo de mucho más deseos. Si Ella se somete, Ella vive… Sabes que me gusta la trampa, la trama, la cosa ésta de desearla a través de miradas y que diga que no, y que me mire como que me quiere comer enterito; se sube por mis pies y llega a mi tope, y no deja nada sin el saboreo, y no deja nada sin excitarme… Y luego baja la mirada y sonríe; me mira como se miran las cosas a las que no se tienen, las que se han pensado por tanta vida; se moja el momento, más… Y entonces al otro día, que se haga que no recuerda nada. Sométete es, Antipoeta, aceptar que eso ocurre entre nosotros, que Ella también me tiene ganas.

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