Bebé despierto

Por, Luis Alberto Nina

La ignorancia resulta lastimosamente irremediable, y más cuando se espera que algo contrario acontezca al instante. Con esta criatura he experimentado tanto… de verlo remendar entre sus litorales hasta el salvajismo y la edad; y cada vez que lo trato, he resucitado, he chocado con el gesto, he reído y he vivido hasta epifanías… Hoy, por ejemplo, le he ordenado que se duerma; me miró fijo a los ojos, leyó mi silencio, ese nudo hermético con que se caracterizan mis conquistas y, nuevamente, se echó a reír a carcajadas. Ya tiene más o menos un mes que cuando sus pestañas están entre el proceso de mareo; con una ojera increíble, hasta bostezando, el individuo sacude su cabeza al punto que revive cada gota de entusiasmo. Es tan impersonal, a veces frustra no verlo rendirse; nunca pensé que diría esto. Lo cierto es que el niño se ofrece en cada relámpago. Y esto de verdad que para mí es un fenómeno de la circunstancia. —¡Odio dormir! —me grita con la voz de sus carcajadas. Soy como tú, pa–pá, no quiero perderme nada de este mundo. Me dicen que cuando duermo sucede el mundo, y yo no estoy… —

¡Qué difícil ha sido que entienda cuando lo entero que está a ley de unos diecisiete años y cinco meses para que empiece a pagar parte de su renta y para que se peine por su propia cuenta. Pero no lo entiende, o más bien se niega a aceptarlo, ¡debe ser pura conspiración infantil! Ya no sólo me estornuda en la cara y se le salen pedos cuando ríe o lo levanto, sino que jugar se ha convertido en su mera profesión. Juega y juega y las horas pasan y pasan e Immanuel vivo y esperando por más… tampoco acepta que le lea sin ponerle sus manos, ambas, al libro de turno y, si no lo dejo cambiarle algunas páginas, se pone la mano en la boca y hace El llamado de indios, hasta que lo mire. ¡Si supiera que no hay indios donde vivimos y que es probable, de no llegar a ser él un arqueólogo o antropólogo que, nunca veremos uno; ni vivo ni muerto! Una verdad es, que lo dejo en sus tramas porque es muy joven y, ni sabe de astronomía ni puede soportarse por su propia cuenta; se sienta sí, solo, y se eleva pero con ayuda de otro. No obstante, si una cámara colinda en su radio, paraliza la ocurrencia y cuando ésta se apaga, lanza besos, dice “pa–pá”, y “da cinco” sólo con la mano derecha.

El caso es que, a esa lengua le hace falta de todo, menos llanto y baba. Aunque para ser justo, duerme entre 10 a 12 horas durante la noche y, si es que despierta entre la tempestad, con tan solo un bobo se envía a dormir. Pareciera que solo duerme cuando es extremo el cansancio, y éste sólo surge con el juego… ¡Tremendo laberinto, eh! Y es sólo empezando, y todavía no camina… cuando haga esto último, ¿qué será de mis lecturas, de mis Series, de mis escrituras, de la cama de mis tardes? Digamos que todo por el bien del mandato… a veces creo que es parte del regalo, el reto a inspirarlo todavía más.

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