Consejos

Quién los debe dar y cómo se dan

Por, Luis Alberto Nina

ConsejosEn las Sabias enseñanzas de un Maestro, una de ellas nos dice: “Los consejos no se discuten, se agradecen”.  Y esto lo leí una vez y me lo aprendí como se memoriza uno las cosas que quiere que se queden en el interior de uno para toda la vida. Me lo sé, hasta puedo decirlo en voz alta… Si te dan un consejo “no pedido”, ¡escúchalo! No tienes por qué discutir con la persona que te acaba de decir algo con la intención de ayudarte, de “mejorarte”, de hacerte ver algo de manera distinta; independientemente qué tan errado el comentario aparente estar. Escúchalo y ya; o haz creer que lo escuchas, si deseas. Tampoco es una obligación que tengas qué seguir el consejo. Mas, lo cierto es que, los consejos, en esencia y a priori, nunca aparentan tener mucho sentido en la parte tangible, en vista que son lucubraciones de lo que puede ocurrir en un futuro; teorías o hipótesis a veces no fundamentadas en absolutamente nada más que una opinión de alguien. Y es aquí una de las partes del problema: lo que se te aconseja no quiere decir que es cierto o que es incierto. Por consiguiente, te toca a ti, como es de la vida tuya de la que se habla, hacer o no hacer hincapié en lo que se te ofrece. Porque uno es el que más conoce de las cosas de su vida, tomando en consideración el tiempo que tiene conociéndose. Total, uno es el que sufre, uno es el que goza.ConsejosLa realidad es que, cuando opinamos sobre lo que una persona debería hacer o “si yo fuese tú, haría esto”, lo que estamos haciendo es dándole a alguien una opinión sobre nuestra perspectiva de la vida, desde el punto de vista de la nuestra; dejando por dicho, quizás, que la otra persona: o no lo ve o puede que no lo esté viendo en ese momento. Y es normal esto. Y puede que nunca tengamos razón en lo que aconsejamos. Pero debemos hacerlo. He notado que al menos en Estados Unidos, muchas personas de altos estudios o quizás sea ésta la cultura, cuando se va a generar un consejo, se pide permiso: “discúlpeme por entrometerme en su vida, sé que no me debería incumbir; quizás sea un atrevido por esto, pero le aconsejaría lo siguiente…” O quizás éste sea un principio eminentemente de estudios y no de cultura. Quiero decir, que a cualquiera que le interese no ser entrometido, que acuda a esta práctica. Porque lo cierto es que a la larga, no somos quién para decirle a nadie el dónde debe mirar, mucho menos qué hacer. Por ejemplo, si no se usa este accionar, la otra persona puede decir, “¿y quién eres tú para decirme qué debo hacer o cómo vivir una parte de mi vida? Y reconozco que sea un extremismo la cuestión, pero a la vez, es cierto. Aunque, como dice Desiderata, “…Y escucha a los demás, incluso al torpe y al ignorante. Ellos también tienen su historia…” No obstante, hay que decir una verdad de los consejos: si quien los da no ha vivido la vida de uno, ¿si no sabe las cosas qué uno ha hecho, qué ha decidido o acordado; si no sabe de lo que se ha tolerado, de si ya se está harto de lo otro; si no sabe realmente por qué se hace o se va a hacer esto o lo otro, para qué se opina? Y sí, sabemos que todos tenemos una opinión. Y lo cierto es que teóricamente se expresa en busca de ayuda y debe ser contemplada y ya…

Neil Degrasse TysonParalelamente, dice Neil Degrasse Tyson, (lo voy a parafrasear): “en el mismísimo momento en que te das cuenta o que dices que no sabes de lo que vas a hablar, es cuando necesariamente tienes que parar, que no seguir hablando, que callarte. Porque si estás admitiendo que desconoces del tema, entonces para qué intentas abundar de lo que no sabes”. Y digo yo, ¿no es exacta esta expresión? Lo mismo ocurre cuando optamos por dar consejos de los que desconocemos cuáles van a ser sus resultados. ¿Deberiamos opinar sin que se nos llame? Hay que ponderar esto un poco más… Un consejo nuestro es solamente un consejo nuestro, una expresión que se formuló y se debió examinar. De modo que, no hay razón inevitable de seguirlo. El consejo se asimiló, se evaluó y si no procede, entonces se sigue con el mismo punto de siempre. Y esto tampoco quiere decir que uno está bien o que está mal. El hombre idealista, como dice Ingenieros en su El hombre mediocre, (lo voy a parafrasear): “elige su destino final y sale a perseguirlo. No tiene que completarlo o que éste (el destino final) resulte como esperaba. No. Establecerse una meta y salirla a conquistar es de hombres idealistas”. Lo bueno de la utopía, dice un intelectual latinoamericano, es que cada paso que se da, ella los duplica; uno da tres, ella da seis; uno da cuatro, ella da ocho y se sigue alejando. Sin embargo, lo bueno de esto es que es de esta forma que se hace camino.

Los consejos, en definitiva, deben seguir dándose, se pidan o no, digamos; sin embargo, hay que siempre utilizar al menos estas dos vertientes, a mí entender:

  1. Pedir permiso antes de…
  2. Ser breve cuando…

Cuando damos un consejo, no debemos permanecer ~cinco minutos en el sermón. En teoria de concentración, me atrevo a hablar por todos, nadie está dispuesto a escuchar a nadie decirle cómo debe actuar, o cómo “si yo fuese tú, actuaría” por más de una o dos oraciones. Extendernos es fatigar al recipiente. A mí parecer, si sigues estos dos puntos, consejero, se logrará más lo que intentas, aparte de que mostrarás el respeto que le tienes a la persona que supuestamente tratas de ayudar.

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