Cuentos de niños: ¡qué barbaridad!

Por, Luis Alberto Nina

Siempre supe que la experiencia de padre iba a desenmascarar en mí un atisbo inmenso de ocurrencias que no daría a basto. Y aquí les va una de ellas:

Leyéndole a mi sucessor cuentos de niños (no importa la edad), yo le leo desde literatura clásica hasta tratados sociológicos; me topo con la siguiente conclusión.

Caperucita Roja, Asesinato: el lobo se come a Caperucita y a la abuelita.

Blanca Nieves, Envidia: la madrastra de Blanca Nieves tiene una envidia enfermiza, al punto de que la envenena.

La Bella Durmiente, Soberbia: un hada se venga de todo el reino porque no fue invitada a una fiesta, entre éste, estuvo La Bella Durmiente.

Hansel y Gretel, Gula: dos niños que se pierden y encuentran una casa de galletas y dulces, donde quedan atrapados por una bruja.

En todos estos cuentos de niños, se habla de amor de pareja, de deseos, de «belleza» y «feura», de asesinato, de odio y desprecio, de envidia, de ambición y materialismo, de traición, de rechazo y de trampa, etc. Y traigo todo esto a colación porque hace unos minutos mi esposa me comenta una canción que optó por cantarle al niño, hasta que se percató de lo que realmente ésta decía:

«Mariquita, Mariquita, Mariquita abusadora, El hombre que a mí me gusta, Se lo quito a su señora. Se lo quito, se lo quito, Se lo quito de la vera y a ella después la pongo, De sirvienta y cocinera. A la una yo nací, A las dos me bautizaron, A las tres supe de amores y las cuatro me casaron, A las cinco tuve un hijo, A las seis se me murió,  A las siete fue el entierro, A las ocho divorcié, A las nueve tuve un cáncer, A las diez se me operó,  A las once me rezaron,  Y a las doce se acabó. Cuando llegue mi marido, Yo no sé qué le diré, Que se quite los zapatos, Y el sicote de los pies».


No creo que tenga que explicar la barbaridad de estos cuentos y canciones de niños/as. O es que hoy razonamos más o es que los cuentos y las canciones han sido modificados. No puedo creer que este tipo de verborrea se pronunciara antes y a nadie le llamara la atención. ¿Qué clase de padres era lo que teníamos? ¿Dónde vivía el juicio? A lo mejor es que hoy miramos la vida a través de filtros muy enfocados en el respeto por las libertades de cada quien, como por el derecho a ser y a la no discriminación ni al uso de ofensas; y antes la vida no alcanzaba hasta estas aristas. De todos modos, este tipo de cuentos y/o canciones deben obviarse, yo entiendo que logran más daño que bien.

En lo que se respecta a Mi Pequeña Estatuilla, los cuentos que le leo ahora, me los invento. Siento que resulta mejor que seguir con aquellas aberraciones…

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