Cuerpos paralelos

Del libro: La espera

Por, Luis Alberto Nina

Mariposa ilusionada

 —¿Si Ella te ama y tú la amas, qué sigue? —Cuestionó Mariela Verónica Ríos.

¡No sigue nada!

¿Sabes lo que son dos cuerpos paralelos? ¿Has visto alguna vez a dos gaviotas enamoradas y encarceladas? Yo tampoco. Supongo que si están enamoradas, se aman. Pero tampoco es como si tuviesen una relación; con un hogar particular, familia, futuro, aparte del indomable deseo que deben tener sus pieles…

 

Te respondo mejor: ¿qué sigue? Seguir perdiéndose en la misma sacudida, dentro del mismo tren pesado y sin control, con las mismas mariposas atolondradas de éxtasis y desdén. Pero sólo hasta que a la tómbola de la vida, una noche tenebrosa y cualquiera, se le ocurra con que puede dar uno de esos giros turbios y ausentes, colmados de puntiagudos momentos inverosímiles y su carta entonces nos encuentre totalmente de lado. No sé si sabes lo que es estar al lado de la persona que quieres, que amas. Aunque no nos hagamos… No obstante, para entretener esta charla, te diré lo siguiente: te confieso que nunca he caído en el experimento. Pero pudiese lucubrar el espacio…

Cuerpos paralelos

Ahora te digo lo que representan dos Cuerpos paralelos

Quizás uno no encuentre dónde mirar, a lo mejor nos ocurre a los dos, aunque la mujer se pone más nerviosa… Sé esto porque he visto dentro de la mirada de Ella –en la misma recóndita, donde vive y muere la esperanza– para entender que si está… que si no está… es algo así como: Él me gusta, pero no puedo demostrárselo, ¡ay, qué dirá de mí si lo sabe! Lo que lleva a que todo ese ímpetu quede sosegado detrás de una piel que se esparce y se encoge a merced del vaivén de la escena. Es difícil que la mujer se controle sin ser descubierta, tiene épocas de romanticismo penetradas en la sien y un anonadar  de miradas furtivas. Al hombre le ocurre algo distinto: lo mismo, pero el doble, distinto, si es que está enamorado como duermo yo. Estar de lado es el experimento… 

Mirada de lado

Imaginémonos postrados, paralelamente al brinco, escabullidos de una negación imperecedera; quererse y no atreverse. Estar al lado de alguien que amas puede que sea igual que estar de frente. Aunque al principio puede que no tenga sentido lo que expreso. Me defino: cuando estamos al lado, temblamos; cuando estamos de frente, temblamos. Cuando estamos al lado, respiramos acelerados y sólo en esa persona pensamos; cuando estamos de frente, respiramos acelerados y sólo en esa persona pensamos. Cuando estamos al lado, estamos; cuando estamos de frente, estamos… ¡Ves que es similar! Sigo, cuando no nos miramos directamente, nos seguimos queriendo. Porque de lado también sabemos mirarnos. Pregúntale a las esquinas de la brillantez, torpes y dizque incitadas; al rabo de uno de tus ojos, tentando a lo opuesto a reconocer tu pasión… Te muestro un escenario: me miras de lado de una manera tan obvia que sólo tú la desconoces. Una clase de mirar cobarde y rica. Te digo cómo es que sucede: vienes a mi lado, me vas a atravesar, pero se detiene el semblante; inclinas tus pupilas, ambas. Sé que son ambas, aunque sólo llego a darme cuenta de una de ellas. Entonces la donas a mí. Y según tú, nadie te ve mirándome, y según tú, no sabes que yo sé que me miras. Creo que es falta de un cuerpo mal acostumbrado al pánico. Si me quieres atender como lo hacen tus pupilas a mi lado, ¡hazlo y ya! Deja que todo lo otro suceda al azar… Me miras y no sólo atisbas tu interés a mí, sino que se pierde o se gana tu vida en mí. Yo en ese instante sé que me miras y hago muecas para ver si también sonríes. Yo sé que me atiendes y saco el pecho al frente, levanto los hombros, me quito el sombrero, me saco las manos de los bolsillos y me muevo todavía más, quedándome aún en el mismo sitio. Sonríes de susto por amor. ¡Y claro que también me llena esto la vida de alegría! Tener al lado a alguien que dice no quererme, pero que la cinésica evidencia todo lo contrario, es bastante pegajoso. Te entero que ha sido así que ha escalado parte de todo este deseo.

Cuerpos paralelos

Aclaremos que esto ocurre cuando estamos paralelos. Sin embargo, las veces que nos miramos, ambos de frente, igual nos queremos. Aunque para ser realista, cuando nos miramos de frente, sucede algo todavía más espectacular. Es como si de nuestras claridades escapara una garra de cada orificio: cuatro extremidades dependientes de ese extremo afecto, representando la valentía, el manoseo y el acercamiento. Si estas garras se apoderaran de la mente de ambos, tú de la mía, yo de la tuya, logrando que la historia cambie, que lo otro posea más intimidad del gemido… ¡Exacto! De modo que, a la larga puede que no sea igual para nada. De frente es más fascinante que de lado, sintiéndolo bien. Aunque lo bueno de ambos escenarios es que si estamos, se conforma uno con saber que se está allí, vestidos de olores particulares, dispuestos y no… calmados, a veces valientes–cobardes, esperando que destierren los silencios del volcán…

Continúo… entonces sí, entonces será en aquella anécdota del apetito que se vivirá de más… Mientras, te digo nuevamente, acercándome a tu piel, a tu inquietud, que te dejes llevar por mí, que confíes en mí. No soy tonto, sé lo que hago. Mira lo que pasa: hay tanto que debo ofrecerte, tanto. Ya es inevitable y seguido… ¿Qué te parece, al menos, que te ponga de lado, así, ambos cuerpos paralelos?

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