Tu cumple’, Yesenia

Por, Luis Alberto Nina

No puedo creer que voy a atreverme a deleitar mis inquietudes con otra persona… un Jueves… porque para mí los Jueves son muy sagrados, inseparable ocasión de mi gran emoción; pasajes románticos, atestados de recuerdos y dueños de la esperanza de que, en cualquier hechizo aparecería el Garabato y pone su todo “de cabeza”, logrando así que la vida tenga un trocito más de sentido, que la intrepidez sí tenga suspiros… es que yo, apreciada cumpleañera, entre el meollo de cualquier sutileza demente sé saltar con juegos que, la vida –y todas estas ganas que mis sombras poseen– se hacen cómplices y a la vez, para definirlo de un modo más superlativo y hambriento, “nos hacemos compañía”; o sea, ¡somos amantes! Pero parece que sí, que usaré este Jueves para “allantar” parte de la vida de un latir opuesto. Y sabes qué, y sin ánimo de deleitarme por obligación, porque nunca sería del todo así, ¡te lo mereces! No sólo el disparate éste, el escrito que sinceramente escapa desde lo más intrínseco de un pecho atacado y amarrado; también allí mismo, dentro de aquel mecanismo plateado con que la vida nos provoca existir… sí, eso, te llega algo que vuelve a dictarte que, hay personas que te valoran más que el diañe, que están dispuestos a quedarse toda la vida contigo, mirando desde las gradas… Y aquí vamos Señor Jueves, a ver hasta dónde el vértigo alcanza; que lo molesto se arremangue de su propio descuido porque de todos modos hay que vivir, aunque La espera no sea más que…

Un preámbulo necesario, sígueme en la travesura…

Pero hoy, Yesenia, espacio repentino y codiciado, te toca a ti, burbuja con sabores de todos los colores de un pergamino que escasea algo más que pintura; ¡quién te conociera desde muy, muy, muy adentro! ¡Mentira! No hay que indagar mucho, bizcocho eterno, de aquellos a los que no se les despilfarra una vela… Hoy te toca a ti, hoy es el día tuyo y de nadie más. Y arranca bastante especial, al menos para mí y todos aquellos que te queremos y procuramos tu felicidad, porque no eres más que eso, sagacidad y sonrisas…

Hoy sin lugar a dudas se encuentra de cumpleaños alguien a quien llamo mi amiga, alguien que –a pesar de aquel irrazonable comienzo– ha sabido y logrado escalar hasta la superficie más simpática de mis aventuras, e igual ha logrado quedarse; el buen tacto, la oportunidad, aceptar y seguir rodando, encontrar aunque exista poco tiempo, reír… sonreír… reír… pensar en tu amistad es darse un bocado de sonrisas, sólo eso haces, a sólo eso inspiras: a vivir con tu inteligencia, a volar con tu valor, a intentarlo con tu esfuerzo, a revivir –si hay que hacerlo– con ese modo persistente de nunca rendirte; y a callar a veces, con tu modo de saber lo que quieres… Por cosas como éstas, amiga de momentos inolvidables, regodeados de triángulos y de la víspera de que salgas con algo raro que justiprecie la charla, te tengo tan alta valoración… por eso, solamente… buena esposa, tremenda hija, grande hermana, excelente madre, amiga… en eso de amiga… ahí eres y estás siempre más o menos… ¡Mentiras! Eres tremenda amiga, tan siempre presente, especialmente cuando más se necesita del respiro de alguien que entienda y participe. Creo que una de las cosas que te hacen más especiales es eso, que cuando uno está a punto de inclinar la mirada, apareces como un cíclope y revientas la tristeza y vuelve uno a seguir encumbrándose en la persistencia. Y una persona que albergue tales gestos, que concatenen con uno de tal forma, es hipotéticamente imposible que se deje ir… ¡si estás en todas partes, siempre más adonde el arte nos ayuda a vivir y sentir mejor!

Y hoy, aunque sea Jueves, te dedico este día; en alguna madriguera se halla mi piel orientada… hoy te hago reír a ti y tu historia, hoy te hago sentir que importas, que sí valen tu modo de ayudar concretamente a otros, tu continua presencia, tus formas de hacer revivirle el ánimo al otro, tu atractivo no sé en qué, pero sí que todo domina tus ocurrencias; y sí ha valido todo tu llanto y sus lejanías, sí tiene un propósito lo que hiciste y adonde procuras ir, sí eres importante para quienes nos topamos contigo, dejándonos entrar a la bulla subterránea de tu vida y sus circunstancias. Y por eso también te aprecia uno, porque con uno eres libre, porque haces libre lo que tocas, porque dramatizas lo incondicional de la vida y lo poco que se ve pero que se siente, lo priorizas… O sea, sabes llegar sin alejarte de tu cueva, y sabes vivir, lo sabes, aunque a veces pienses tan poco de ti; tu camino está teñido de pasados exitosos y queridos, tu destino promete… ¡nunca te des por vencida, nunca te me rindas; y así como nos exhortas, tampoco bajes la cabeza a menos que sea para seguir impulsando e impulsarte! Vales mucho, es más, hasta vales más de lo que crees. Y para que veas que tienes que creerme en esto: si no valieras eso o aquello, hace pila de ratos que te hubiese mandado a buscar la verdad para el mismísimo carajo… ¿Sabes adónde queda situado el carajo? Allí mismo, pero un poco más a la derecha, para que te caigas y tengas que volverte a levantar. Porque de eso también se trata la vida: caídas extrañas que nos manchan, pensamientos prolongados que humillan los sueños; de decisiones, levantarse y volver a empezar, y esta vez hacerlo de un modo tan insistente, con semejante ímpetu que, tenga la vela que moverse al lado y permitirte mirar. ¿Y sabes qué hay detrás del horizonte, aparte de una verdad recogida en cosas transparentes y extravagantes? Allí o allá, como quieras sacudirte, navega el grito de todos los sueños que una vez tuvieron un comienzo y que llegaron; allí o allá convive la paz trajeada de misterios diagonales, de esos campos de fuerza con que se sigue errando; porque tampoco se debe detener nunca uno… Si algo tiene esta vida es, la longitud; eternos espacios adonde los pasos pisan, adonde los que han llegado siguen intentándolo. Y me cuestionarás, “¿pero entonces, quieres decir que uno nunca llega al fin, que las metas son una ilusión, que no existe la felicidad?” Y la respuesta asumo que ya la sabes, la duda me conlleva a dictaminar eso; la búsqueda de la felicidad es la misma felicidad, encontrarla es una utopía; la misma existe por hebras, por copos, en migajas y consonantes; pero nunca por completo. Así es que, cuando creas que llegaste al fin y no continúas, es porque eres otra más de las personas que se han rendido, que no quieren vivir la vida, que le temen al placer, a latir hasta toda la vida. Eso… eso mismo… no sé si me di a entender. A ver nuevamente: la felicidad no es más que el conjunto de muchas de esas porquerías sabrosas con que lates y sonríes, pero sostenidas todas en ambas manos… y mirarlas, mirarlas, mirarlas, hasta que desaparezca el miedo y se avive el atrevimiento. Entonces, volver a buscarlas y encontrarlas y apreciarlas como tal, o irte a volar por otras. Y todo eso se percibe desde el carajo; ese canto donde se ve el futuro, donde la vida tiene más valor.

Y también por eso te quiero, por lo que sientes cuando te hablo, por el respeto que me tienes, por los excelentes consejos, por la luz que sale de tus formas –que comunican, porque eres tú y te importa poco el cómo los de la comidilla te vean –a sabiendas que lo que haces lo haces desde el alma y todo intentas que sea para bien–. Además de que, paradójicamente, eres una persona segura de tu posición en la vida; lo que te eleva te encamina al carajo… me hace admirarte todavía más… Y más ahora que, de ahora en adelante y siempre, en tus momentos claves, vas a “poner mi nombre al revés” y sin… esto es muy importante, “arrepentirte”.

Te deseo un cumpleaños lleno de exitosos momentos, junto a los tuyos, a Valentino que sé que te tiene virada de impresiones y perpetuidades. Te mereces este día y otros más, no siempre se llega a los 40s. Pero no te preocupes, siempre habrá cremas y olores con que puedas sepultar lo evidente; además que, cada vez eres más sabia y procura relacionarte con quienes te provoquen eso, esto del vivir… Tu cumple’ ha de ser uno de esos días en que te decides a hacer algo suspensivo y lo haces, aunque te rompas el lóbulo occipital en tres garrotes; procura, si ese es el caso, donarlo para los oficios de conejillo de indias. Sé que hasta en tu partida vas a emocionarnos, la vida que vives da para eso y sobra; y de la sobra alcanza para gastarse contigo en el pensamiento. Eres una mujer de verdad, una hembra que hace lo que sea que tiene qué hacer para superarse, para existir y, aunque reconocemos, ambos, que te falta más, más de la mitad quizá, te sobra alegría y resiliencia. Te admiro por esto también.

Vuelvo al paisaje filosófico de tu trama…

Todo esto de ayudarte a ser más de lo que has venido a ser, sí que me alegra. Siempre es lindo crecer, pero más epicúreo resulta, ver junto a ti crecer a otros; y en tu caso, que crezcas más, y que te dejes sacudir… Otra cosa: ¿sabías de donde provienen la idea de: salpicar, la piedra, sacudirse o someter? Yo tampoco sé, esperaba que te comprometieras a sorprenderme. Sabes, también eres buena para eso, para las sorpresas furtivas. Nunca es tarde para ver a alguien esforzarse por agradar, por hacer su trabajo…

Salpicar, te entero, es humedecerse en el enredo de algo relativamente imposible; que al caer en ello, los residuos del líquido –no solamente del romanticismo pero de todo aquello anhelado– contagian a otros, los lleva a hacerse los bizarros.

La piedra es el gran obstáculo que te cohíbe ser quien eres cuando reaparece en el destino; seguir, romper con ella y llegar a allí o allá, donde se sigue latiendo y recopilando las hebras de ella, la felicidad.

Sacudirse no es más que volver a empezar y empezar. Y al hacerlo, regresar con más ímpetu y menos miedo; hacerlo, como leí una vez por ahí, que hasta el mismo miedo te tenga miedo.

Y someter… ¡bueno, eso es secreto de mis libros y de mí! No tiene nada que ver contigo, sólo lo coloqué aquí porque me encanta la curiosidad. Debes saber que a veces sé—ser un cizañador…

Y nada, de estas cualidades se viste el instante también, de la aventura, del recorrido, del volver a intentarlo, de latir todavía más, del escape, de querer tanto algo que, ni el tiempo te lo pueda prohibir o arrebatar.

¿Te dije que te quiero, que eres importante para mí, a veces, verdad; solamente a veces…?

Bueno, hay que reconocer que nuestro comienzo no fue el más perfecto. Siempre me has dicho cuál fue tu excusa en ese momento. Te creo. Yo todo lo entiendo, ¿recuerdas? Sé que uno no siempre es uno, y tampoco somos quienes para juzgar a nadie por una sola escena. Incluso, si hacemos eso caemos en el mismísimo abismo del limbo. Uno debe conocer in buen pedazo de la personalidad de las personas y entonces, basado en el resumen, quedarse o despegar. Y en tu caso, es obvio que no tuve que indagar tanto para descubrirte; aunque, para serte real, sabes muy bien que soy bueno para detectar el talento desde lejos. Y eres una buena mujer, eres muy del mundo aunque lo hagas desde tus puntos y a tus maneras; sabes llegar de migaja en migaja… Sin embargo, cuando llegas, ya adentro, sacarte del Calendario, quitarte la gorra para que te pierdas en el laberinto, es hasta innecesario, sabemos que siempre saldrás a flote; eres dueña de tus propias mañas… Y te entendí entonces, y te respeto ahora. Y luego, opté por buscarte, sé que había más allí; te saqué a pasear no sé cuantas veces, no puedes negarlo. By the way, todo ese dinero que gasté contigo, no caería mal si me lo devuelves. No suelo gastar dinero en nadie que no se encojone conmigo… pero nada, de eso hablamos después…. Igual recuerdo muy bien cómo vinimos a realmente conocernos, a entablar el primer dialogo… (No creo que sea oportuna la perorata sobre los inicios de este ruido, así que detendré la escritura).

Si algo sé de ti es que de ti no sé nada, sólo que siempre estás dispuesta a dar lo mejor de ti, a encantar, a inspirar, a nunca dejar morir lo que nace. Y eso, y esas cualidades son dueñas del futuro; con una persona así, cerquita, con una amiga de semejante estirpe, con la verdad rodando por ahí, no puede uno más que desear irse al carajo y soñar nuevamente adónde va a parar para encontrar otro pedacito más de la felicidad. O seguir con esta amistad, que resulta igual el latir… Ya, debo parar, hoy es Jueves, y no se me perdonará nunca, aunque la realidad es que debería importarme poco.

Culmino: te quiero amiga, eres muy especial en la vida mía, siempre estás cuando más te necesito, hasta cuando menos; y tu candidez revienta en uno. Siempre es lindo tener a alguien, aunque desde lejos, que esté, que no se esconda, que sea realmente lo que siente, alguien así como tú, aunque vestida con un atuendo al revés y muy pero muy azaroso.

El Rubio

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