El poder

Por, Luis Alberto Nina

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD), como tiene absoluto poder, lo ha perturbado absolutamente todo, parafraseando al político–inglés, Lord Acton; desde la viabilidad de las instituciones del Estado, la defensa del patrimonio nacional, la moral del pueblo y hasta la misma esperanza y seguridad de su ciudadanía. De modo que, no merece tregua ni un día más.

Así como correr rápido se aprende corriendo, así mismo para correr se empieza caminando. Un niño se roba un mango y no recibe reproche de sus padres, luego el joven termina robándose algo de más importancia, como un motor, y la policía de la comunidad no impone la ley contra el joven–ladrón. Más adelante, el hombre se engancha a la política y al obtener un cargo, usufructúa ilegalmente una parte del presupuesto y se compra una casa y la amuebla, un carro y se vanagloria de otros lujos; y debido a la impunidad de un país tercermundista, como el nuestro, el hombre tampoco recibe ningún castigo.

Danilo Medina, en el 2000, cuando por primera vez intentó ser presidente de nuestro país, tuvo la osadía de decir que, el «Estado lo venció»; aduciendo a que quizá Leonel Fernández, su compañero de partido y presidente del mismo y del país en el momento, no hizo todo lo posible –desde su poderosa plataforma– para que lo reemplazara Danilo. O, a lo mejor, lo que Danilo quiso decir fue, dicho en el argot popular, que no ganó porque Leonel no robó en su beneficio. La idea es que, este candidato intentó llegar al poder, de modo intencional o no, de una manera más ética de la que luego tratara doce años después. Lo que para ese entonces, podemos decir que ya el mango estaba robado; ahora, ¡a robarse el motor!

Danilo Medina, para lograr este otro robo, desde luego que haciendo un paralelismo desde una escala mayor, se reúne con Lula da Silva, expresidente de Brasil y, conjunto con Dilma Rousseff, presidenta del mismo país en el momento, y hacen un tipo de alianza en que, a Danilo se le ayudaría a ganar las elecciones del país, prestándole su estratega político–comunicacional, genio de las campañas políticas en Latinoamérica, Joao Santana; a cambio de que se incrementara todavía más la inversión en infraestructuras y se las otorgasen a su gente de Odebrecht; y que al adjudicarles más obras y, mediante la sobreevaluación, se repartieran el dinero restante.

Así mismo estos acuerdos logrados en Brasil, tuvieron similar envergadura como los que se organizaron en la Patria de Duarte, Sánchez, Mella y Luperón, en donde se concertó con Leonel Fernández, buscando ese robo del erario para la campaña de Danilo Medina en el 2012, el que éste volviese al poder en el 2016, a la salida de Medina, y para el 2020 nuevamente Danilo… A la par, se consagró dejar a funcionarios de Leonel en posicionamientos claves, no tocarles fiscales necesarios del Ministerio Público y, no embestir contra ninguno de sus militantes, en los que se incluyeron a Félix Bautista y Víctor Díaz Rúa; además de otras cosas. Sin embargo, Danilo Medina, al ganar se olvidó de todo lo negociado con Leonel, mas no con Odebrecht.

Ya robado el motor, van a hacerse todavía de más millones y poder. Empieza la compra de miembros de los poderes fácticos: periodistas, gremios, sociedad civil, intelectuales de prestancia, religiosos y empresarios, etc. Luego, a buscar la forma de neutralizar a Leonel Fernández, quien pretende que va a ser el candidato presidencial por el partido en el 2016. La línea de Danilo arrolla en ambos comité político y comité central, adueñándose, dicho de un modo llano, de la gran mayor parte de la dirección del partido. Paralelamente, aparecen las difamaciones en torno a Leonel Fernández (justificadas quizá), el juego de ataques a sus más íntimos lideres y/o aliados. A lo que da como resultado, la pérdida de poder y moral de Leonel. Entonces, aparece la Reelección, donde se altera la Constitución una vez más, lográndose mediante la compra de modo económico, y a garantías de la continuación en sus puestos, de legisladores y/u otras promesas de similar influencia. Para este entonces, Danilo no sólo ha enriquecido su dirigencia, sino que, ha hecho añicos de lo poco que le quedaba al país, al igual que a Leonel Fernández.

El ala danilista vuelve y gana las elecciones del 2016, y esta vez de una manera todavía más apabullante; el uso del dinero del pueblo llegó a extremos nunca antes vistos en nuestra era Republicana. El Esperado, atento a él, se robó lo que quedaba de la miseria del país. Y encima de eso hizo de la impunidad el portón de entrada, garantizándosela a su gente; y quienes quisieran ver cómo «se cuecen las habas», tenían que formar parte de la defensa del nuevo Mesías… Y como la expresión de Acton, el poder empezaba a esparcirse a través de todos los extractos del Estado, y en esa misma dirección, a Danilo Medina y su equipo, se le empezaba a endilgar la pérdida de memoria y el manejo de un Estado totalitarista. Y ya para hoy, los escándalos han escalado a niveles inimaginables; ese trono estigmatizado de despotismo, inmoralidades, muertes, miseria, indolencia, sordera y ceguera, muestra los últimos golpes de su perversidad.

A mediados de enero, podemos decir, de modo taxativo que, estamos siendo controlados por un gobierno totalitario, una mafia que ejerce un esquema de hipercorrección desmedida, al punto de que, la única escapatoria que tiene el pueblo es derrocarlo de manera incuestionable en las urnas en tres años y medio ue faltan, o definitivamente tumbarlo mediante un Golpe de Estado. Y también hubo otra forma, aunque quedó en el pasado, y sabemos cómo esto empezó: reprimirlos la vez que se robó lo mango.

Michel Foucault, en su tesis, La microfísica del poder, habla de cómo el poder solamente existe cuando se ejerce, que el poder no es un atuendo que uno se coloca y automáticamente lo tiene, sino que, es la imposición de órdenes en una matriz. Igualmente, habla de cómo éste llega al punto de posicionarse en la psiquis de quien lo ejectua que, no se percata del deterioro del entorno. Y aunque, el poder absoluto es para usarlo de modo absoluto, éste –en esa misma aventura– puede destrozarlo o perderlo todo de modo igual absluto. Es decir, el poder, porque se use o se entienda que se sabe usar, no deja de tener la delicadeza de una flor, algo así como dijo una vez aquel político español, Enrique Tierno Galván, «El poder es como un explosivo: o se maneja con cuidado, o estalla». Y seamos realistas, al PLD se le ha ido de la mano gobernar al pueblo dominicano; no que alguna vez lo hayan intentado de modo correcto, sino que siempre lo han hecho en busca de la ventaja de cada uno de sus más fieles dirigentes, han agudizado la falta de institucionalidad, de impunidad y de inseguridad social y ciudadana. El país es un desastre. Se robaron el mango, los dejamos; el motor, no los sometimos; y ahora han arrasado con el patrimonio de la República Dominicana. Y no hay vuelta atrás, deben salir, caer presos y hasta olvidarse de nuestra tierra. El mal que le han hecho a la moral de nuestra nación, a la esperanza del individuo, a la ética de nuestra idiosincrasia es tan inmensa que, para que el pueblo suba de este hoyo le costará al país al menos dos décadas. Y para los que «no somos del PLD», como dice la amiga Silvia Aurora; o sea, los que pensamos un poco, nunca se los vamos a perdonar.

¡Yo voy para la Marcha!

 

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