El sacrificio

Por, Luis Alberto Nina

¿Es en sí la vida una eterna obligación?

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Yo creo que sí, o al menos así aparenta. A lo mejor existan aquellos que dirán que la vida no alcanza hasta tanto, que sus imposiciones son efímeras y que sus actos son mayormente alternativas del vivir, y puede que tengan razón. Lo que sí es innegable es que, nadie se escapa de su tiempo sin dejar una porción de pellejo en el juego.

Se sacrifica uno, a veces ni cuenta se da; lo hace tan natural, como si fuese alguna esencialidad del subsistir, como si originara desde el trasfondo del ser biológico que rige una parte de nuestro vaivén. Así se perfila a veces el sacrificio, con ese mismo brío, con esa misma suspicacia.

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Anoche, mirando una serie de televisión de HBO, Game of thrones, hubo un episodio, diría que el último de la primera temporada, en que se vio a un anciano (Grand Maester Pycelle), lo que luego –ya a presencia de nadie– se mostró que fue todo un acto, hacer creer que perdía el hilo de la conversación, que tenía poca memoria, que apenas lograba sostener su cuerpo destemplado. Cuando el anciano quedó solo, se puso a hacer movimientos muy atléticos, impresionantes para su edad, diría; y un poco antes de abrir la puerta, ya vestido con su disfraz teatral, encorvó su postura y su voz se desplomó, naturalmente todo con un propósito, y con esa misma parsimonia que suele mostrar delante del resto de sus conmilitones y del reinado, intentó abrir la puerta y perderse en la trapisonda y la afluencia. Esta escena desde luego que me conmovió, la entendí inmediatamente, más bien ya hasta la esperaba. Luego nació la siguiente incógnita: ¿qué intención habrá detrás del sacrificio de este señor? La cuestión derivó en el análisis de otras interrogantes y otros escenarios del diario vivir de similar contextura: ¿qué tanto nos sacrificamos en la vida y para obtener qué? ¿Vale la pena el sacrifico, aunque éste –de algún modo– no nos esclavice permanentemente? ¿Será mediante los actos del sacrificio de la única forma en que se obtiene «éxito» en la vida? Por ejemplo, ¿se sacrifica la señora cuando hace creer que tolera a su empleador; hasta cuándo es suficiente y si valdrá el intercambio? ¿Se sacrifica el hombre cuando no se divorcia, aunque no «ame» a su pareja, por la moral o con tal de que sus hijos tengan una familia «completa»? O en general: ¿corresponde a un sacrificio el que nos dispongamos a llegar a algún lugar y lleguemos?

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Todas estas inquietudes las trajo la actuación de aquel señor –que pudiendo caminar, por ejemplo– hace creer que apenas puede moverse, pudiendo hasta hacer ejercicios; y que posee poca memoria, aunque ya sabremos de su devota perspicacia… Quizás el plan que existe en el libreto del programa, de la actuación del señor, llegue a niveles totalmente excusables, hasta por el menos objetivo de todos nosotros; quizás el hombre sea un encubierto y de la única forma que puede escuchar todo lo que se dice es a sabiendas de que, a un anciano inofensivo y torpe, que además de tener poca movilidad, no escucha bien y no recuerda bien –se puede ignorar– diciendo lo que sea al frente de él, hasta incriminarse. Lo cierto es que, las razones que ocultamos, voluntaria o involuntariamente, detrás de nuestro gran teatro, sólo nosotros las conocemos, y a veces ni eso…

¿De qué formas se visten tus sacrificios?

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