Elecciones estadounidenses

Trump o Hillary, o ninguno

Por, Luis Alberto Nina

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Cuando me hablan de Donald Trump, respondo que ese patán y analfabeta–presidencial no amerita si quiera mi esfuerzo. Lo veo y es como si no mirase nada, lo ignoro a fondo. No obstante, cuando me hablan de Hillary Clinton, sonrío. ¡No existen dos candidatos peores que éstos, creo que en toda la historia de esta nación! Ya sabemos quién es Trump, pero Hillary, a quien a veces se le da un pase, es una perfecta basura política, una corrupta sin remedio. Es más, ella es la Number one representante del Establishment estadounidense. Por algo la oligarquía y el empresariado más riguroso del país, le hace tan altas donaciones. Luego me preguntan de si la voy a apoyar este noviembre, sólo para que Trump no gane. Y vuelvo y sonrío, pero esta vez lo hago con más intensidad, sarcasmo y molestia. Se supone que éste es un dilema, ¡pero qué clase de disyuntiva ni más absurda! Votar por uno para que otro no gane… O peor aún, votar por un pésimo para que otro más pésimo no gane… yo creo que no debo ni responder con otra cosa más que mi sonrisa burlesca…

Es como dice el famoso refrán ése de que, «El que no la hace a la entrada, la hace a la salida».

Análisis epistemológico de la razón

Una parte de La escuela de Fráncfort, que a mí me marcó desde muy joven fue; aparte de aquel ideal aristotélico sobre la verdad y encima de qué debía ésta imperar: «Platón es mi amigo, pero más amigo mío es la verdad». Platón, el maestro del dueño de esta expresión, Aristóteles; encima de eso, encima de todo un sofisma de que el adulto sabe más, de que el maestro es quien tiene la verdad, sobrellevó sus análisis, como dice un intelectual dominicano al que sigo mucho, «La verdad son muchas cosas juntas al mismo tiempo». Aludiendo a que, quien más tenga información, posee la verdad; no importa si para Alejandro era menospreciando a Aristóteles, si para Aristóteles era desdeñando a Platón, si para Platón era despreciando a Sócrates (todos, coyunturalmente hablando), la verdad es lo que está presente, sin sesgos, lo que más se parece a ella…

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La escuela de Fráncfort se basó en que cientistas de la talla de un: Marcuse, Adorno, Fromm y Habermas, entre muchos otros, con su Teoría crítica, en que se negaban a tener que defender cualquier postura proselitista, tanto religiosa, política o filosófica en un contexto relative o impropio… Para ellos, pertenecer a una organización y que luego tuviesen que hacerle apología era un razonar equívoco, y por ende, intelectualmente no los iba a llevar a ningún lado. Si yo hubiese tenido al menos una tercera parte del intelecto que tenía uno de ellos y viviese en ese tiempo, fuera un miembro de esa escuela filosófica; no dijera mentiras y fuese eminentemente un defensor acérrimo de las prácticas positivistas. Soy de los que cree que pertenecer te obliga a perder la objetividad, a tener que defender hasta a un criminal como Hillary, teniendo que mentir una vez para dizque no mentir dos. Usted vota por en quien –después de un exhaustivo análisis, o como decía Leonel Fernández, de la conceptualización– cree que es el ético, preparado o propio. Pero nunca es más importante el saber de un político que su ética. Quien administra un erario o adquiere el poder del Estado, y esta es una precisión muy personal, debe tener unas manos muy diáfanas y muy creíbles. Saber y corromperlo todo es peor que no corromper nada y nada saber, siempre habrán quienes te guíen, pero que si se desvían, tú logre juzgar.

La verdad para muchos, aparenta cada vez estar más lejos. Parecería que luchan en contra del materialismo filosófico, de la dialéctica, con la premisa de que, estamos aquí para seguir en lo mismo, y se avanza hacienda lo mismo. Y para ellos, la idea no es votar por quien crees, como debe ser siempre, sino por aquél para que no gane el otro. O sea, «Unos son de cal, otros son de arena», pero de que son todos de materiales de construcción, ¡afirmativo!

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