Aprendo y actúo, sin mentiras

Por, Luis Alberto Nina

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Fuera de dos o tres cositas como, la paciencia, la tolerancia y el «respeto a las opiniones», yo no soy tan difícil para subirme al barco de la verdad.; no soy paciente, lo admito. Sin embargo es algo en lo que trabajo a diario, he sabido hasta engañarme a mí mismo buscando conseguir este don. Sobre la intolerancia, ese es otro mundo, yo difiero algo en este tema porque creo que tolerarlo todo es ser cómplice de esas barbaridades que dejo pasar; por ejemplo, cuando se abusa de alguien soy una fiera, cuando se intenta menospreciar y/o hacer algo injusto. No tolero estas cosas en lo absoluto. Y si, soy entonces un intolerante. Y sobre el «respeto a las opiniones», lo voy a resumir como el gran intelectual, sociólogo y futurista–comediante estadounidense, George Carlin, quien dijo una vez: «Así como tú pretendes que yo respete lo que sea que acabas de decir, debes tú igualmente respetar que yo no ‘respete’ tu opinión». Él naturalmente lo resume desde una perspectiva genial, simplemente genial. De modo que, la noción de que yo debo quedarme callado ante cualquier cosa que salga de ti, entonces no, no me la digas; yo tengo opiniones igualmente y cuando me place las vierto. Con esto no digo que voy a estar opinando sobre qué proceso es mejor para operar el cerebro. Tampoco es que voy a decir lo que creo de cosas de lo que no domino en lo absoluto. Paralelamente, esperaría que tú tampoco hagas lo mismo, si te places, no soy quién para decirle a nadie de qué debe o no hablar.

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Para todo lo otro, yo soy un «Fast learner», como dicen los gringos. Cosa que aterriza en mi mente, cosa que incorporo en mi diario vivir. Y es cierto que no miro la vida a través de todos los filtros que he conocido, muchos de ellos puede que no salgan a la luz en su momento, pero de que intento, si, intento a cómo dé lugar e incansablemente. No me molesta que otros me vean actuando acorde a lo que me acaban de enseñar. Yo fielmente reconozco que ando perdido en este mundo, y que todo lo que llego a saber es porque es ese el momento, quizá debí saberlo antes, es cierto; pero si me juzgo bajo esa premisa entonces, debí –al nacer– saberlo todo. Y entendí de Einstein que todos somos ignorantes; y de Sócrates que, nada sé, a pesar de creer saber, y que es algo que debo saber para entender. Y de Locke aprendí que, todo lo que voy a conocer en la vida me lo va a dar la sociología, y de algunos psicólogos que, todo es el cómo mi cerebro reaccionara ante toda la dualidad de la experiencia y el razonamiento. Aprendí de Ortega y Gasset que, yo soy yo y mi entorno y que como tal, debo saber con quienes me relacionaba. Aprendí de Confucio a no juzgar a nadie en cosas que no quiero que se me juzgara a mí… en el transcurso de mi corta edad he aprendido bastas cosas, obviamente apenas una gota de agua en el mar, como nos dijo Newton… Pudiera durar horas citando de quienes he adquirido lo poco que sé, pero no es el punto de este escrito, sino el siguiente:

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Mi madre siempre me enseñó que lo correcto era lo que debía imperar sobre todas las cosas, lo bien hecho, lo justo, lo que no lastimara a otros; al menos no de una forma directa, si se quiere. Y concatené este saber con lo que leí una vez de Aristóteles sobre la verdad, que ésta era mucho más importante que cualquier cosa, hasta que sus más allegados colegas o contribuidores, o lo que sea… Ambas ideas se me adentraron al cerebro e hicieron metástasis en todo mi cuerpo. Yo intento, porque sólo eso puedo decir que hago… intento hacer las cosas lo mejor que sé al momento. Y todo esto debe atravesar un filtro principal que no suelto bajo ninguna circunstancia; así como para El hombre de lógica, la verdad es más importante que su amigo, así suelo decir yo que, si llego a la política, metería presa hasta a mi madre, si delinquiese. Porque lo correcto, así como me dijo ella una vez, lo bien hecho, lo justo, el deber y lo ético, era una esencialidad irreversible.

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Por ejemplo, no soy de muchos amigos, sino de muchos conocidos; amigo para mí es saber sobre mis intimidades y, casi todos los que saben que existo, desconocen detalles internos de mí. Y es porque hace falta que pongan más de ellos para que yo confíe. Con esto no quisiera hacer entender que, soy un hombre clasista o elitista o como se llame, que diferencio entre un ser de otro por X cosa. Pero hasta cierto modo así es, a todos nos nace querer a alguien porque éste se lo ha ganado. Mi madre siempre me dijo que, nadie quiere a nadie porque sí, siempre hay una razón detrás. Y yo lo entendí a temprana edad; sólo se quiere una pared porque ésta al menos dio sombra, seguridad, alojamiento. Así mismo son las personas: si eres masoquista y yo soy sadista, me vas a querer; si te gusta ser escuchado y yo soy un oído, me vas a querer; si te gusta coger dinero prestado y yo presto, igual; si te gusta reír, brincar, escapar, superarte o terminar y de algún modo yo contribuyo para eso, querrás estar cerca de mí. Para mí igual son los amigos, yo me relaciono con quienes sigan ideales fundamentales en mi vivir. Si eres violador, no serás mi amigo, a menos que se compruebe medicamente que es una enfermedad, entonces lo entiendo. Si eres ladrón, mentiroso empedernido, egoísta y perjudicial para la sociedad, entre decenas de otras maldades, no serás mi amigo. Nos conoceremos y probablemente entablaremos pareceres, pero no más de ahí. Y con esto no digo que persiga a seres humanos inmaculados. Esto hasta tener que defenderlo representa un absurdo. Sí a aquellos que van a tono con mis filtros, o mejor dicho con la filosofía de mi vida… No es mucho pedir, espero yo. Y a esto se le añaden tanto personas analfabetas como intelectuales, de todos los extractos de la sociedad. En sí no me interesa la parte física, sino la conceptual, la histórica, sus resultados…

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Lo voy a resumir de la siguiente manera: yo puedo tener la vida entera siguiéndote, alabarte como a nadie alabaría, postularte como paradigma mío y hasta dar mi vida por ti; pero desde el momento en que me entere que «dijiste una mentira», que fuiste injusto, que delinquiste o que no deberías estar en mi listado de amigos, desde ese instante dejas de simbolizar para mí todo lo descrito. Mi vida usa filtros de la ética de modo irreversibles, así como los estoicos. Lo mío no es un relajo. Yo actúo cónsono con lo poco que he aprendido en la vida. Y con esto no digo que no perdono. Esos son otras cosas, perdonar es entender. Sin embargo, de que vivimos en un sistema que tiene leyes jurídicas y hasta ciertos punto morales, aunque me duela aludir a estas últimas puesto que son filosóficas, las tiene, y de ellas o con ellas debemos ordenarnos. Si apoyamos lo mal hecho, entonces, qué carajo le pedimos a la dialéctica, si ni siquiera nosotros ponemos de nuestra parte. Gandhi dijo una vez, también algo me enseñó este inmenso, aunque con muchas dudas de su carácter: «Sé el cambio que quieres ver en el mundo». Y esto es lo que intento, sólo intento…

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