Revolución Social: Feminismo

Por, Luis Alberto Nina

Esto me lo responde una gran amiga, cuando le pido su opinión sobre el feminismo: “No estoy de acuerdo con el feminismo. Soy mujer, me gusta estar después del hombre como cabeza de familia, que sea el proveedor y yo me encargue de los hijos, la casa y demás… que me traten con delicadeza, que me regalen flores, que abran la puerta del carro, que me tomen del brazo al cruzar la calle. Y total, ustedes (los hombres) terminan haciendo lo que decimos, entonces ¿para qué tanto alboroto? Esto no quiere decir que sea una “come comi’a” y que tenga que aguantar de todo. ¡No! Porque de no tratarme como una reina en la casa y en la calle, hay problemas”.

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Esto fue lo que escribí ayer sobre lo que entiendo que está sucediendo con muchas mujeres que –en su ánimo por ser totalmente independientes, que entiendo, respeto y apoyo– pretenden que los hombres le “permitan la entrada al mundo de igualdad física”, si se quiere y sin intentar ser sexista; y que a la vez, se les siga tratando como princesas y/o cenicientas:

%name photoLas mujeres luchan por la igualdad, en lo que estoy totalmente de acuerdo; pero cuando se les trata igual, sin mirar sexo, entonces se molestan. Porque a la vez ellas no quieren dejar ir su femineidad, el trato tradicional…

%name photoLo que añado a todo esto y aludiendo a la imagen enlazada en la parte de arriba de este escrito, es que debemos entender la diferenciación entre las libertades del ser humano en torno al sexo en contraste al género. Cuando nos referimos al “sexo” hablamos de genitales, apariencia física por parte de la biología, de la naturaleza. Por ejemplo: sólo por ser mujer “no puedo hacer esto”; o sea, sólo porque tenemos o no tenemos pene o vagina no se “puede” hacer algo… Esta tendencia es la que se debe dejar atrás; sin forcejeo en lo absoluto, considero. O sea, no debería ser de la filosofía o -si se es justo- tener desacuerdos (ver en la imagen de arriba, donde se encuentras todos los menores jugando). En lo que se debe concluir: el hecho de ser mujer u hombre no debe predisponer el accionar de alguien…Ahora, cuando nos referimos al “género”, es un caso distinto… El género es cultura, enseñanza, estereotipo. Cuando hablamos de género, nos referimos a tendencias, de cuáles son las funciones de uno y/o del otro. A los que la sociología denomina: masculinidad y femineidad. El masculino hace “X” cosas y lo femenino hace “Y”. O sea, X ≠ Y. Debido a esto, se entiende que es la misma sociedad la que interpone las funciones de una mujer y las de un hombre. Y es mediante estas direcciones que ha de funcionar el desenvolvimiento de la humanidad. Y ésta es la parte eminentemente filosófica que tiene a las mujeres persiguiendo su “liberación”. Evidentemente es injusto que se tilde a una mujer de obligaciones particulares a las de un hombre, o viceversa, si en esencia somos todos seres humanos y –tanto tenemos el potencial de razonar, de crear y de ser iguales– cómo es que uno debe hacer una cosa y el otro—otra. Sin embargo, hasta este entonces, ha sido de la única forma que hemos subsistido de manera unida (claro, aunuqe entiendo que la mujer se ha sacrificado posiblemente más).

%name photoEn adición, algunos estereotipos de la masculinidad y la femineidad son: mujer es la que se maquilla, la que usa vestidos, la que arregla los muebles del hogar, la sensible y la que debe respetar; el hombre es el que carga lo pesado, el que trabaja y paga las deudas, el de la ú ltima palabra y a quien NO se le estigmatiza cuando es infiel…

%name photoLa mujer feminista busca erradicar todas estas tendencias. Y secundo este accionar. Sin embargo, hay que considerar la idea que romper cánones culturales, enterrados en las mismas entrañas de la sociedad y de semejante magnitud, requiere de mucho tiempo y adaptación. Lo digo porque, como responde mi amiga arriba, ella no quisiera dejar atrás “las ventajas” que tenía antes de pretender igualarse al otro género. Lo que considero importante, y hago un juicio de valor aquí: es que a base de que biológicamente no somos iguales, el hecho de buscar la igualdad total en otros renglones, pudiera alterar para mal toda esta cohesión social con la que hemos sobrevivido. En fin, vamos a hacer esto al paso, y vamos a entender que para que el cambio sea real, es necesario dejar atrás también algunas ventajas. En fin, la libertad de la mujer es esencial para el s. XXI. Sin embargo, el que se le trate con el respeto que se le trataba antes, aún “la dama” incurriera en un delito; eso de “no se toca ni con el pétalo de una rosa” –si somos iguales– constituiría, en lo que a mí se respeta, un absurdo de total injusticia para el hombre, hasta ser considerado sexista por parte de la mujer…

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