Cada loco… Serrat

Cada loco… Serrat
Cada loco... Serrat Por, Luis Alberto Nina Yo estoy en un estado de la vida, de sensibilidad, en que cualquier soplo me saca una lágrima. Y escuchando hoy a Serrat, mientras conducía hacia mi trabajo, no pude más que pensar en lo sumergido que estuvo mi vida en un entonces, acompañado de este inmenso. ¡Cuántas escrituras me inspiró! Escuchen esta

Bob Dylan y La literatura

Bob Dylan y La literatura
Bob Dylan y La literatura Por, Luis Alberto Nina Desde hace tiempo siempre he advertido que Serrat debe ganar un Premio Nobel de Literatura, y se nos adelantó Dylan... Y aunque no soy uno de sus Fans, reconozco que la cima de este caballero de la vida, no tiene parangón. O sea que, estuvo bien otorgado. Y ahora que lo pienso, me recuerda

Promueve tu escrito

Promueve tu escrito
Promueve tu escrito en nuestro Calendario Sabemos que, cuando a uno le gusta escribir, mostrar la inspiración representa el siguiente paso.  De manera que, si tiene un escrito que desearía incluir como parte de nuestros Momentos, por favor, anímese a hacerlo, sólo tiene que enviárnoslo y, tomando en cuenta el formato de esta Página, contentamente se lo publicamos. El escrito

El amor no se duda

El amor no se duda
El amor no se duda Por, Luis Alberto Nina «Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.» Así se trasladan las primeras líneas del empiezo de El amor en los tiempos del cólera, la novela, según el mismo Premio Nobel de Literatura, colombiano, Gabriel García Márquez, que más inspiración le esmeró,

Acerca de mis primeros cuentos

Acerca de mis primeros cuentos
Acerca de mis primeros cuentos Por, Mario Vargas Llosa Los seis cuentos de Los jefes son un puñado de sobrevivientes de los muchos que escribí y rompí cuando era estudiante, en Lima, entre 1953 y 1957. No valen gran cosa, pero les tengo cariño porque me recuerdan esos años difíciles en los que, pese a que la literatura era lo que más

Poquita Cosa

Poquita Cosa
Poquita Cosa Por, Antón Chéjov Año, 1883 Hace unos días invité a Yulia Vasilievna, la institutriz de mis hijos, a que pasara a mi despacho. Teníamos que ajustar cuentas. —Siéntese, Yulia Vasilievna —le dije—. Arreglemos nuestras cuentas. A usted seguramente le hará falta dinero, pero es usted tan ceremoniosa que no lo pedirá por sí misma... Veamos... Nos habíamos puesto