Jartos de dominicanos

Por, Luis Alberto Nina

(Este escrito va especialmente para los antihaitianos de la diáspora, a esos incongruentes que ni por sentido común abandonan el absurdo).

Los dominicanos suman casi un millón sólo en Nueva York, los estadounidenses ya no encuentran qué hacer con esta plaga; es una ola que llega de modo diario y a todas las horas al Kennedy y a Newark; los que no lo hacen por medio de las fronteras con México… Se dejan sentir desde que entran por el ruido y lo mal vestidos que andan. Son prietos y los que son más claritos tienen unos bembazos y los cabellos malos; vienen con enfermedades, piojos y ladillas. Y los que apenas entran limpios, cargan en el avión desde aguacates hasta gallinas viejas y cantinas repletas de sancochos de siete carnes distintas; y ni hablar de los cuchumil equipajes… Me dijo un piloto una vez, Kenneth Almighty, que, «los viajes que originan de la República Dominicana, tienen hedor a concón, a queso y a Lemisol». Me dijo también que, «es una manada de borrachos los que vienen atrás, un bullicio intolerable que no lo deja concentrarse mientras pilota; y que cuando éste finalmente aterriza, la manada del circo sale a flote a aplaudirle (ofendiéndome. Pareciera que creen que no íbamos a llegar vivos)».

Los dominicanos son un grupo de gente con mucha ignorancia y con poco sentido común, que no saben siquiera el continente de dónde provienen o si uno de sus nombres lleva acento o no. Y los que sí se defienden, entonces vienen al estado de los rascacielos a traficar con drogas, armas o personas, a violar, a robar hasta bancos, a matar, a mofarse de otras etnicidades, a buscar líos y a hacerle fraudes al fisco. Todo empieza desde que les llega ese Social Security a los que están de forma legal, si se quiere. Inmediatamente corren a exigir ayuda del dinero que los estadounidenses y residentes de antaño pagan con tantos esfuerzos. Con ellos hay que pasar las mil y una… no se les entiende y la forma arrogante como se creen con derecho fastidia a los trabajadores sociales. Y poco después que Estados Unidos les da la ayuda, hay los que cogen cupones y los venden al punto de, que el otro día el FBI capturó una mafia de ellos que compraba comida y la exportaba a la República Dominicana para venderla. En ese mismo tiempo, digamos, salieron tres reportajes en CNN; «Dominicano atropella a 22 y mata a una persona en Downtown, NY». «Dominicano es encontrado culpable por terrorismo». «Dominicano viola a más de 60 mujeres». «Es en Washington Heights y República Dominicana donde van a parar al menos el 75% de los celulares robados de Apple». Esta última información la dio el mismo CEO de Apple, Tim Cook.

Los dominicanos son un desastre para la sociedad estadounidense; se la pasan jugando dominó en la calle, escuchando música a alto volumen y cuando se les manda a que lo bajen, vuelven y lo suben. Pareciera que el país les pertenece. Chin a chin se están apoderando de él. Conducen borrachos y con botellas de alcohol en el carro, sin seguro y andan a lo loco, y menos respetan las señales de tránsito. Se meten a los parques a divertirse y sí que se divierten, hay que dejárselos a ellos solos. El sainete es tan desastroso que, no hay paz donde pisan. Son ellos y más nadie. Sólo si son dominicanos sus vecinos, se entienden; de lo contrario es un martirio en carne y hueso.

Son muy buenos para hacer chistes y ofender, donde quieran andan bailando y enamoran a las mujeres en un dos-por-tres, y cuando se les da, les son infieles y las humillan. Y son muchas de ellas las que les pagan la renta a estos machistas. Otros viven en demanda y demanda, y cuando no les sale, las inventan. Los que no están cogiendo Disability (dinero por incapacidad, a veces actuada), están cobrando dinero de desempleo, pero desde la República Dominicana lo cobran, ilegalmente. Y ni hablar de la recua de hijos que tienen dizque para que sean gringos y les den otros derechos como más dinero del Income Tax; y si es que residen en la República Dominicana, vuelven a los Estados Unidos sólo para parir. Es un mal incansable…

(Una parte de este párrafo es casi una paráfrasis de quien emulé este escrito).

¡Ya hasta hay políticos dominicanos! ¡Esto es una plaga! Igual hay policías, jueces, profesores, peloteros y lava platos. Poco a poco se están quedando con el estado. Algunos de sus parques, escuelas, monumentos y calles llevan el nombre de personalidades de ellos que no se pueden siquiera ni pronunciar. Las calles están gastadas, llenas de colmados y licorerías, de gente incómoda y mujeres con tubi… Sólo esperamos que ese casi millón de ellos, los ilegales, si se quiere, sean deportados más rauda que veloz. Se están quedando con el estado. Sólo hay que verlos cómo hacen sus carnavales y paradas, atestando las calles principales del estado; igual hacen protestas dizque para luchar en contra de los problemas de su país. Si eso es lo que quieren, por qué no se largan para él y la hacen allá. Además de que tienen hasta diputados sirviendo aquí. Es una plaga que debe desaparecer… A ver si el inepto de Trump hace algo por mantener la hegemonía de este país, y porque le quite el dinero a esa gente que lo único que hace es enviarlo para su tierra. Porque si esto sigue así, no habrá comida para más nadie que para ellos en Nueva York.

La verdad del escrito

Muchos dirán que es absurdo el que generalice. Y claro, siempre es torpe la generalización. Y también es obvio que siempre que se generaliza, hasta asumiendo la posición, nunca es fáctico el ideal; es siempre inviable. No obstante, lo hago aquí o asumo como que lo hago siguiendo aquella premisa de los xenófobos dominicanos de la diáspora (especialmente), de que todos los haitianos son X, Y, Z cosas. Uso un paralelismo de ese ideal. A ver qué se siente… Muchos dirán que deporten a los delincuentes. Y entonces habremos llegado a un acuerdo: ¡que deporten a los haitianos, a los delincuentes solamente!

La esencia de la idea de este escrito es de Rosanel De los Santos, visto en el muro de Wendy Mella Carreño.

 

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