La amistad de algunos

Por, Luis Alberto Nina

Dice una famosa expresión, «Todos queremos tener un buen amigo, pero pocos nos tomamos la molestia en ser uno». ¡Bastante explícita, la lengua! ¿Cuántos «amigos» tenemos y a la hora de la hora, cuántos llegan tarde? Porque llegan, siempre llegan los seudoamigos, llegan a nuestro entierro; mas nunca antes, cuando estamos en la arista de un derribe cualquiera, a punto de caer. Y ni porque gritamos, suplicamos, ni por humanismo, ni siquiera por piedad.

Yo suelo decir que tengo muchos conocidos, pero no amigos; amigos tengo pocos. Quien no se sepa mi apellido, el nombre de mi madre o de alguien especial en mi vida, por ejemplo, amigo mío es probable que no sea. No es nada personal, tampoco esto debe ser una obligación, hay que querer «ser» para entonces lograr «estar». Toda la vida he creído que los amigos siempre están en las buenas, pero que también deben estar en las malas; y parece ser una coincidencia de lo sobrenatural de las conjeturas del vivir de lo osado que, cuando más uno de ellos se necesita, nunca aparece.

—¿Y por qué no me dijiste? —Es lo único que les queda responder, después del golpe, claro, necesita defenderse; la obviedad.

Para mí, y espero estar hablando por todos, un amigo es aquel que está. ¡Así de simple! Y, aunque existan excusas, que las hay, tampoco quiero hacer creer que un amigo debe estar absolutamente en todos los momentos; cuando las excusas rebozan los placeres, a veces es preferible rendirse, dejar ir, volver a empezar. Como dije, no es obligada la amistad. Es si estás dispuesto…

La realidad me temo que es una sola: quienes poco valen para nosotros, es para quienes no solemos estar. En caso de valer, ese amigo siempre estará… Suelo poner el ejemplo de uno de esos amores enfermizos, «el amor de tu vida» como lo suelen llamar; por éste se es capaz de todo, se deja de ir a trabajar, se toma un préstamo, se pelea, se escribe de… y, en muchos casos, hasta después de tener uno un accidente, de todos modos se visita. Cuando existe un amor así, existen pocas excusas. Y esto ocurre por el hecho de que esa persona tiene valor para nosotros…

Como decía, yo tengo muchos conocidos, pero pocos amigos, mejor amigo creo que no tengo. Aunque hay una chica que la considero mi mejor amiga, aparte de mi esposa, claro; esta chica y mi impaciencia saben por qué, me conoce y yo la conozco en lo que cabe, respectivamente; sabemos qué esperar de ambos, estamos dispuestos a hacer lo que sea el uno por el otro, no nos disminuimos, más bien nos armamos y nos valoramos. Ella naturalmente se hace la fuerte y yo el inocente. Y es quizá mi mejor amiga porque siempre está cuando más la necesito. Eso sí, a veces hasta cuando no la necesito, pero debo aparentar que sí.

Las relaciones, tanto de parejas, de amistades, de familiares, son conjeturas de accionares que la vida nos presenta a cada momento, es cuestión de saber lidiar con estás; estar, tolerar, saber cuándo dejar ir, sorprender, escuchar y responder fuerte, a veces ignorar y en otras ocasiones, cuando nadie esté mirando, pellizcar y echarle la culpa al vecino. La idea es que, no todos son amigos tuyos, debes reconocer esto, al menos así lo percibo yo; y como tal, no hay por qué desanimarse cuando estés postrada en una cama y no aparezca absolutamente nadie para que te vaya a comprar una medicina, que tengas tú misma que incorporarte e ir a empeorarte con el frío de la calle, y llegar a casa con la queja de que, alguien debió hacer esto por ti. Quien ahí no está, a sabiendas de tu mal, es porque no te valora. Es simple. Yo he aprendido a vivir, aunque me considere un muy buen amigo, de la siguiente manera, siguiendo un ideal de Confucio: «Espera poco de los demás, te ahorrará disgustos». No todo el que se ríe contigo, está dispuesto a servirte en un momento clave. No importa lo grandioso que seas…

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