La competencia

Por, Luis Alberto Nina

No compitas con nadie, no tienes que demostrarle nada a nadie. No tienes que llegar a donde otro llegó, solo superar tus propios límites. ¡Sé la mejor versión de ti mismo!

 
Yo creo que desde mis veinticinco años de edad, he venido inclinándome –cada vez más– a renunciar a todo lo relacionado con la competencia. Ya he dejado de ver deportes y no sigo eventos como Miss Universo, tampoco siento la política como un certamen real, sino como la apertura o el encierre de la esperanza de los pueblos, no de otra forma… Más bien, considero la competencia –tomando en consideración la escaseada educación que tiene la población mundial– muy perniciosa para la subsistencia de la humanidad. Sé que siempre ha existido, desde los orígenes de la misma humanidad (Neolítico), y que todavía existe… Sin embargo, siento que la misma nos ha perjudicado en varios esquemas; ha ido deteriorando las condiciones del tejido social en cual –de modo diario– nos desenvolvemos. Y todo tiene que ver con el hambre por el poder, lo material y la burla; esa animadversión que dejan sus secuelas.
Yo creo que podríamos resultar mejores seres humanos si obviáramos quién está encima, quién sale ganador, quién tiene más lujos, aplausos, nombraría… Soy de la idea de que existe una gran mentira detrás de la competencia…
Con esto no digo que no se pueda competir en lo absoluto, de todos modos lo hacemos a diario y lo seguiremos haciendo; existe una competencia dialéctica–neta, irreversible en este sistema en que vivimos. Sino que, hay que buscar la forma de no encajar tanto en la necesidad de ser o de tener más que el otro. Se puede crecer, evolucionar, sin tener que compararse con nadie. Yo lo llamo: La autonomía del éxito.
 
Me viene a la mente el delantero del equipo de Argentina que competía para La Copa Mundial del año pasado, Lionel Messi, quien al perder, se mostró tan enojado que le fue muy indiferente a algunos fanáticos–niños. Y, aunque es un ejemplo solamente, no está muy lejos de una realidad que convive entre aquellos que ganan, que cacarean su suerte; entre aquellos que pierden, que se deprimen exageradamente. ¿Tendrá sentido obtener el éxito bajo el maltrato, de modo indirecto, del otro? Algunos lo llaman la Pasión del deporte.
 
Yo soy muy escéptico en todo este tema. Quizás intento analizar más allá y fallo en comprensión; quizá no percibo la satisfacción de la incógnita, del desenlace, su adrenalina. A lo mejor, el misterio del reto y la posible victoria hace que valga la pena perder y/o angustiarse. No sé… A lo mejor es porque lo único que percibo de todo esto es la burla que vive detrás, la depresión, las injusticias de no saber ganar y quedarse callado.
Coincidencialmente, noté que toda la semana pasada, los fanáticos de las Águilas del Cibao, equipo de Baseball de la República Dominicana, se mostraron muy agresores en torno a los del otro equipo, Tigres del Licey. No dudé un instante que, éstos habían ganado el Round Robin y que, a los liceístas les iba a tocar esperar al año que viene para volver a intentarlo. Y resulta que, para colmo de la burla, todavía no termina el campeonato. Esto todavía no lo entiendo. Intento analizar el fenómeno de la burla en este caso. ¿Cómo es que un equipo que ni siquiera ha ganado se muestra tan mordaz en contra de otro?
 
«El efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo, según el cual los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio, considerándose más inteligentes que otras personas más preparadas, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de lo real. Este sesgo se explica por una incapacidad meta–cognitiva del sujeto para reconocer su propia ineptitud. Por el contrario, los individuos altamente cualificados tienden a subestimar su competencia relativa, asumiendo erróneamente que las tareas que son fáciles para ellos también son fáciles para otros».
 
En fin, yo sinceramente creo que nuestra humanidad no está preparada para la competencia. Cuando se eduque en controlar la burla, la menospreciarción del otro ser o equipo –que trató», etc, se podría incurrir a escala mayor en la legitimidad de la competencia. Hay que reconocer que tanta competencia trae rivalidades de la estirpe de este eterno enfrentamiento entre los Estados Unidos y Rusia, con todas sus consecuencias… Y que no se me quede fuera que, reconozco que la competencia, así como la envidia, es evolución, es la mejoría del ser –de modo individual– en lo referente al progreso, a esforzarse más, u obtener más, al beneficio indirecto del resto de la humanidad. Sin embargo, como la envidia –la cual no toleramos–, trae consigo elementos muy deplorables para quienes no les alcanza… Podríamos controlar la burla, en teoría es cierto; pero para mí que la competencia es la raíz de la misma y de otros males injustos…
Thomas Hobbes dijo una vez lo siguiente: «La competencia por alcanzar riquezas, honores, mando o cualquier otro poder lleva al antagonismo, a la enemistad y a la guerra. Porque el modo como un competidor consigue sus deseos es matando, sometiendo, suplantando o rechazando a quien compite con él».
 
Y claro, esta es otra de mis tesis, no tiene usted que estar de acuerdo. Seguramente no lo estará. Aquí se intenta romper con esquemas tradicionales, para la mejoría de todos… Quizás a lo mejor nunca ha puesto en ponderación este tema. Al menos, para esto quizá sirvió el escrito…
 
Fuente (fotos)     /     (El efecto Dunning-Kruger)
 
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