La Física para un bebé

Por, Luis Alberto Nina No creo menester comprender a fondo cómo es que un bebé percibe la vida desde el aspecto de la Física; pero sí pienso que puede que resulte algo positivo mirar la vida de un bebé desde su misma perspectiva. Cuando un bebé abre los ojos en forma de asombro, cuando llora, sonríe, se inquieta o reacciona–en sí por algo sucedido, nos es difícil –en la mayoría de los casos– elucubrar por qué éste actúa de tal manera. Nos pudiera sorprender cómo algo tan obvio (para nosotros) le cause semejante desatino a la criatura, y creo que la respuesta es más legible de lo que podemos considerar, sino que, el saber de cosas como éstas no se nos brinda en la conjetura de la vida, mas sí «el análisis», mirándolo desde una perspectiva epistemológica.

El filósofo–médico británico, John Locke, habla de la Tabula rasa o Tabla rasa, refiriéndose al saber de los niños al nacer; él aboga por la idea de que cada ser humano nace con la mente vacía, sin ninguna información; contrario al innatismo que precisa que todos nacemos con el conocimiento innato, sabiéndolo todo. Cito a Locke para advertir que cuando un niño nace, si cree usted en esta teoría, lo hace sin actuar sin más nada que con sus convicciones biológicas de sobrevivencia; o sea, instintos netos. De manera que, si tomamos esta premisa podremos crear la tesis de que, todo el saber se aprende de camino; la información de lo que ya tenemos y sabemos, lo que aún no sabemos que existe o cómo ocurre. Por ejemplo, la Física.

Todos, a menos que exista algún desarreglo mental, llegamos a entender –tarde o temprano– parte de la Física en este mundo; no necesariamente por qué ocurren estas cosas o fenómenos, sus fórmulas, quienes fueron sus pioneros o para qué más se pueden aprovechar, pero sí intuimos lo cotidiano, lo simple, lo que se nos añade inconscientemente… Y mucho menos, de no ser aventurados en la materia, comprendemos las rarezas de ella en otros planetas; en contraste a que un recién nacido que ni siquiera sabe que existe, entienda la dinámica de todos estos pormenores… Un bebé ve un fenómeno de la Física y, sin saberlo, inmediatamente emite una reacción al respecto. Y lo único que nos resta es deducir que el bebé realiza esos ademanes físicos o psíquicos en base a su confusión o a la ambigüedad de los fenómenos o leyes de la Física, y nada más. Un bebé, si partimos del principio de la Tabula rasa de Locke, aprende tanto de las leyes como de las reglas o normas del mundo, mediante su desarrollo cognitivo.

Al bebé solemos hacerle el «Peekaboo»; un juego que connota la inhabilidad del párvulo para entender la ausencia temporal de algo físico. Esto es muy normal para los bebés, es esa misma ausencia del entendimiento de las leyes de la Física que logra que el bebé reaccione como lo hace cuando «se desaparece» y finalmente «al hacer presencia lo que se le esconde».

Digamos que le brindes a un bebé un pato amarillo y éste lo inserte en el agua. Según el Principio de Arquímedes de la flotabilidad, el mismo termina flotando en la superficie… Si nunca ha experimentado esta hazaña, es probable que sea esto una normalidad para él, o que al menos así se entable. El mismo experimento se altera cuando le das una pieza de ropa, que es también de color amarillo, y al insertarla en la misma agua, ésta se hunde. El bebé alegóricamente se rasca la cabeza y observa–tratando de averiguar dónde fue que falló todo.

A nosotros esto también nos ocurre, pero obviamente en otro escenario. Digamos que si hipotéticamente aparece alguien de otro planeta y, de un santiamén desaparece con las manos vacías y luego reaparece ante nuestros ojos comiéndose una paleta, por ejemplo, nuestro reaccionar tendría similar matiz a la que tiene el bebé cuando dejamos caer dos huevos; uno se ellos plástico, donde el huevo real se rompe y el otro no. La reacción del bebé, por su poco entendimiento de las leyes de la Física y los materiales, lo conduciría a reaccionar de una manera muy peculiar, intrigante quizá. Y esto se debe obviamente a que el bebé está en su etapa de aprendizaje de estas leyes. Por consiguiente, es a los padres que les corresponde asimilar todas estas condiciones del bebé y tratar –de un modo más complaciente– de hacerle entender parte de la dinámica de cada uno de estos procesos inevitables.

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