La Marcha del 22

Por, Luis Alberto Nina

¿Si la Marcha fue un éxito? ¿Si los caminantes fueron mayormente de la clase media? ¿Si la Marcha fue en contra de la impunidad o del PLD? Y, de ¿si la Marcha no resuelve nada?

Sobre el éxito de la marcha

Lo primero que diré es que, es obvio que la marcha fue un éxito; no sólo los casi o más de 100 mil reclamantes que  hicieron presencia en la Capital del país, sino los diez a 20 mil en New York y los otros en Miami, Boston, Puerto Rico y España… Igualmente, mucho antes de darse esta impresionante manifestación ciudadana, en contra de la impunidad, ya la misma había logrado cuatro cosas improbables para el cómo se dirige actualmente nuestra nación dominicana, al menos desde mi perspectiva. Y, aunque estas reacciones forman parte de todo un evidente teatro orquestado por la dirigencia del PLD, no dejan de abrir un espacio a lo que se debe hacer:

  1. Se citaron más de seis funcionarios y exfuncionarios en sólo una semana. Ya al menos se dieron sus hombres. Aunque las citas sólo fueron para charlar, al menos se hizo énfasis en los nombres de posibles corruptos.
  2. Se allanó al empresario Rondón y a la sucursal de Odebrecht en el país. Tarde fue la acción obvia, pero digamos que al menos se hizo.
  3. Se acordó a que Odebrecht pagara US$184 millones al Estado dominicano, el duplo del dinero que se asume de los sobornos (US$92 MM). Esta información, dada por el mismo procurador en una conferencia, tiene muchas nebulosas. Sin embargo, digamos que tiene que al admitirlo, debe hacerlo tarde o temprano, si es que no se nos olvida…
  4. Se ordenó que Odebrecht no participase en ningún otro contrato con el Estado dominicano. Al menos se dice que se sacó esta polilla del país.

Reiteramos que todo esto fue sólo un teatro para sacar el tema de la palestra, que está bien caliente, al igual que para mermar la intensidad de la Marcha.

Sobre la clase media

La clase pobre –en una mayor parte– o está comprada por el Estado (tarjetas de Solidaridad, Bono Luz, Gas, botellas) o no razona lo suficiente para entender quiénes –en parte– son los verdugos de su miseria; que no son ni la Oposición ni quienes acusan al PLD de jodernos. De modo que, a mi criterio, éstos no tienen la iniciativa de organizarse a esta magnitud. Ahora, la clase media es quien tiene la sed o verdaderamente es quien la siente o entiende que existe; por consiguiente, es quien debe salir a buscar el agua y no esperar a que una clase tipificada de ignorantes de repente vea la verdad.

Contra quién fue la marcha

La marcha fue contra la impunidad. Al menos así se mostraba la literatura de muchos de los carteles utilizados. Pero la impunidad, ¿quién la propicia? No son los empresarios ni somos tú ni yo. ¡Es el Gobierno! La palabra «impunidad», la culpa de ella, sólo le corresponde a quien la permite: el Gobierno. Así es que no nos hagamos… de modo que, la Marcha sí fue contra la impunidad, y lo fue contra Odebrecht y los mafiosos de obras públicas y las otras entidades conexas en el tema. También la marcha fue en contra del desastre medioambiental y el NO declarar «Loma Miranda Parque–Nacional». Fue en contra del miedo a la inseguridad física de la ciudadanía, por el descalabro de la seguridad social, por el auge del narcotráfico, por los pocos empleos y los sueldos «cebollas» en contra de los policías y militares, por el descalabro moral al que han llevado a nuestra juventud, de quitarles la esperanza; por el incremento de los accidentes de tránsito y el desastre y abuso de los transportistas, por el robo al consumidor en una enorme parte de los servicios, por la falta de institucionalidad, por las alzas de los combustibles, por el despilfarro del erario, por los préstamos alocados y sin rigor, por la intromisión a los otros poderes del Estado, por el Congreso salvaje que nos gastamos, por los miembros de la justicia que no hacen su labor en lo absoluto, más bien son una partida de mafiosos que venden sentencias; por la absurda partidocracia, por la carestía de los alimentos de primera necesidad, por los altos impuestos y los mismos salarios del 1992, por las bocinas pagadas en los medios de comunicación, etc. Es harto que esta el pueblo, indignado, impotente, humillado… ésta fue la primera válvula de escape, «un día para gritar» por todo este abuso de ESTE maldito gobierno (y sus aliados) de descaros, robos y humillación.

La única razón del porqué el pueblo no contrata a un terrorista para que se meta al Congreso, al Senado, al Palacio de Justicia, al Palacio Nacional (presidencia), al Palacio Policía Nacional, y a todos los medios de comunicación compra’os, es porque cree en el Estado de derecho, porque respeta la ley, porque –a pesar de toda esta barbaridad– todavía cree que se puede rejuvenecer, volver a empezar, sacudirse, saltar y vivir de la esperanza de un posible progreso. Si no, hace tiempo que las cucarachas y ratas no existiesen. Es la única garantía de limpieza que creo que existe hasta ahora; todo lo otro, se esparce… como el hedor…

Sobre qué logra la marcha

La marcha logra plantar un precedente, decirle al Gobierno que la clase media esta vez va a ir a votar, que no se va a quedar con los brazos cruzados como lo ha hecho siempre, que se le va a encaramar encima a cualquier mala jugada que haga el PLD. Que no va a tolerar más desatinos. Y lo que vendrá de la misma, hay que verlo para contarlo; estamos bregando con un tinglado mafioso que empieza en el Palacio Nacional, rueda al Congreso y al Senado, se queda por un momento en los Medios de comunicación y nunca llega a la Justicia, no por legalidad, sino por interés; por ideología mafiosa. De modo que, en lo que se respecta a la Marcha, ya el primer susto está dado, y si el Gobierno entiende que este hecho no va a repercutir en la pérdida de votos, en un Golpe de Estado o en el deterioro de las reputaciones de sus líderes, entonces, no hay por qué, entre corruptos, dejar de administrar el erario (intentando una paráfrasis de que, “entre bomberos no se pisan la manguera”)… El Gobierno seguirá haciendo lo que está haciendo. Esto sólo se detiene con lluvias de protestas, con la evidente amenaza de que en el 2020 ellos no serán LOS ELEGIDOS.

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