¿Para qué sirve la justicia?

Por, Luis Alberto Nina

la justiciaLeer esta pequeña reseña de mi Poeta argentina favorita, porque ni Storni ni Pizarnik son de mi devoción, nos dice con en su arte poético qué es la justicia y cuáles deben ser los deberes de nuestros mandamás. La brillante Miriam Ferrari… Sólo una jurista con el arte hasta por los codos, podría elaborar semejante sentencia. Sigue empujando, chica. Sigue, que se te admira:

“Desconfío de los jueces “sin ideología”. No hace falta ser versado en leyes para leer el pensamiento político de un juez en algunas de sus sentencias. Es más, desconfío de cualquier auxiliar de la justicia que no tenga pertenencia a un ideario tal o cual de cómo debe organizarse una sociedad y cuál es el espíritu que debería imperar en sus normas. Después de todo, hasta los caceroleros tienen pensamientos políticos aunque no lo sepan. Por eso es que siempre voy a admirar a los que escriben sus sentencias con venas y arterias, aunque tengan viento en contra. Exijamos honestidad intelectual a nuestros jueces y operadores de la justicia”.

Una anécdota que viví:

No soy de ir a juicios, como supongo que ninguno de los que no estamos relacionados al poder judicial, lo somos; tampoco conozco a ningún juez… una vez fui a un juicio por una infracción de tránsito (no puse la luz de doblar a la derecha). Y antes que yo, se juzgaba a un joven por algo que había hecho, obviamente. Tenías que ver y/o escuchar la ponencia de ese juez, fue impresionante. Yo que soy un amante de la filosofía, de la sociología, quedé anonadado. Inclusive, se lo comuniqué a la abogada que me iría a defender. Y ella secundó mi reacción. Me dijo, ese juez siempre hace un Show. Es muy bueno.la justiciaEl juez le daba cátedra de vida al joven, le decía, en sus palabras, claro; citarlo (literalmente) es casi imposible: “¿para qué inyectas esa jeringa a tu cuerpo? ¿Por qué te haces daño? ¿Cómo alguien puede entrar basura a su cuerpo? ¿Para qué?”. El juez luego fue a otro punto y luego a otro. Aparentemente el joven era recurrente en la sala. -yo te di una oportunidad y tú me prometiste que no lo ibas a volver a hacer. Me lo prometiste-. Continuó. Me dijiste que me agradecías la oportunidad que te daba. Y mírate aquí nuevamente-. El joven, parado, cabizbajo por momentos, el juez llamaba a que despertara la cabeza. Le dijo muchas cosas. Te juro que duró algunos 20 minutos de oratoria, sin interrupción. Al final le dijo: “y para que veas cómo es la sociedad contigo: te vamos a dar otra oportunidad”. El joven estaba llorando y supongo que la mitad de la sala. Yo sí lo estaba.

Desde ese día, les tengo un maldito respeto a algunos jueces que navegan en mundos como ése, de semejante intelectualidad, sensibilidad, compromiso, ética y sentido de sociedad.

Fuente (cita de Miriam Ferrari)     /     Fuente (fotos)

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