La ola de la libertad

(Este escrito no es sobre política)

Por, Luis Alberto Nina  Hace varios años cuando Gedeón Santos era responsable y ético; mucho antes que fuera presidente del Instituto Dominicano de Telecomunicaciones (INDOTEL) y de que valorara la supuesta tremenda labor que había realizado el senador de Bonao, Félix Nova («el senador de la FalconBridge»), seguía y vivía casi todas sus ponencias. Recuerdo que lo conocí cuando me enteré que le tenía un odio a muerte a Leonel Fernández, uno de los primeros y quizás el único que se lo hizo saber de frente a la cara. A Gedeón le molestaba bastante que Leonel Fernández,  hubiera cualquierizado el partido de Bosch, que concluyeran sus escuelas de aprendizaje y que su nuevo líder haya llevado al mismo a semejante situación de calamidad en que se encentraba en ese entonces. Y, aunque ya no siga a Gedeón porque me decepcionó y resultó, lo que creo, en otro político de teorías y nada de pragmatismo, no voy a dejar de decir que este hombre todavía es un intelectual a carta cabal, un verdugo de la oración y la lealtad, digamos…

Una vez lo escuché hilvanar una tesis sobre, y no la recuerdo muy bien, así que parafrasearé lo que sí recuerdo y la usaré para hablar de lo qué pretendo en este escrito: «las conquistas de las masas es como una ola; hay que reconocer la ola, entender al pueblo; hay que subirse en la ola, convencer al pueblo; y hay que conquistar la ola, hacer que éste vote por ti. Y si un paso de estos tres no se conquista, no hay victoria». Cabe recalcar que, esta es sólo una paráfrasis, no exactamente lo que él esbozaba, sin embargo, era más o menos en una dirección similar (lo que intento es no plagiarlo). A mí, de todos modos, su análisis me pareció tan preciso que voy a hacer un paralelismo del cómo percibo la vida, usando como ejemplo esta misma «ola».

 

La ola de la libertad:

Primero hay que saber lo que es una ola, luego hay que descifrarla cuando se vea en función. Entonces, tiene uno que tener el deseo de subirse en ella. Pero no es suficiente, tiene uno que también saber cómo treparse en aquel canto de la naturaleza y, ya arriba de la misma, por supuesto, tiene uno que conquistar la ola. Yo siento que lo que nos ocurre a muchos es que, no sabemos siquiera lo qué es una ola, mucho menos si la vemos, no la distinguimos. Y me atrevo a decir que más de la mitad de la población convive entre estas intrigas; y otra parte en la disyuntiva de si subirse o no. De aquí no pasamos. Lo que deja un corto porcentaje que sí se sube y que, o pierde o la conquista, pero que se atreve –que es verdaderamente lo importante.

Le comunicaba a una gran amiga que, para saber, para ser un intelectual (aquellos que persiguen este filtro), para comprender si se quiere o, hasta para subirse a la ola, se necesitaba aprender, estudiar, querer entender, pero hacerlo de modo diario; que el conocimiento no resulta en párrafos sino en oraciones. Y que como tal, toma tiempo, mucho tiempo; y que la paciencia sería la herramienta perfecta para lograrlo. Y así como la ola, para conquistarla había que tener tres pasos: conocimientos, valentía y persistencia o suerte. Y la mediocridad debe entender esto, si quiere escapar.

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