Larimar

Por, Luis Alberto Nina

larimarEs fuerte la vida, eres fuerte. Más fuerte que un Larimar. Tan fuerte que nada te mueve… Resulta un falso dilema lo que ocurre entre venirme encima tu cuerpo, a volar; o quedarte debajo, siempre debajo, con tus sonrisas hipócritas. Y sólo un Larimar puede aguantar tanto fuego, sólo un Larimar prefiere perderlo todo por ganar nada, o mejor dicho, por ganar el balance de lo moral. Y te aguantas, tu piel se queda, se quedan inmóviles tus aventuras y nada ocurre; el todo aún no se descubre. Y van y vienen ráfagas de aliento que sin duda despeinan tu quietud, y aparecen abrigos que te ofrecen caminar por fríos desiertos, cantando cómo las olas del temporal recogen la sal de lo más íntimo del mar y la seducen… y tus sombras quieren largarse, quieren huir a mí. Y te quedas… Y tu vista se llena de sorpresas cada vez que ocurre la temporada, tus oídos disfrutan del atrevimiento y sonríes y te alegras… Y tu Rojo anda acelerado; todo lo de Él es caso aparte. Hay dos mundos completamente errando por vías paralelas, la de tu razón y la de tu emoción. Y tu piel estable… aún no has dado un paso; tu valentía es mitología y tu ilusión hecha a pedazos. Y se agotan las palabras para lograr romanticismo en tu soledad, ¡pero es que no te mueve! Y la sensación que sientes por dentro te transforma, te trastorna, te trasnocha la vida, te come por dentro. Y eres la misma por fuera y entre lo recóndito y el tiempo eres de Él, aunque no lo admitas. Eres fuerte como un Larimar, no te mueves…

¿Quién eres que nada de lo que hago te mueve? —Estoy hecha de piedra de Larimar y ni el fuego enloquece hasta tanto— respondes—. Es que sabes lo que haces, no eres tonta como me hiciste creer. Aunque sin duda eres cobarde, como me dijiste. Y vuelven los poemas y los cantos y la súplica de que sin ti no soy nadie más que un escribidor frustrado por nuestro romance. Y pudiera lanzarle a la luna una flor, y pudiese ella bajar y tocarte y la piedra que vigila el valle de tus besos aún no cedería. Estás hecha de ingratitud; tu moral te cohíbe y tu orgullo espanta la furia. ¿Y qué logran tus actos? ¿Qué gana el espacio?

¿Sabes qué? A veces creo que hay cosas que no están hechas para uno y punto. Y por más que se poetice, por más que se muestre, que se oculte, que se sienta; por más que se corra, que suceda o que se quede, nada nunca ocurrirá… Te llevé de mi aliento, te hice sentirme de adentro, devolví tu regalo y hasta me hice el payaso. A veces dormí solitario y en otras bebí sin usuario. Hasta creí en aventuras románticas y viví ilusiones saladas. Y nada… Tu piel se queda. No importa qué tanto lata, que tan poco merezca quedarse, qué tanto pudieras llegar a disfrutar, lo fantástico de ti es que se queda tu piel, aunque tu alma esté a punto de escaparse y concluir… Te comparaste con una piedra de Larimar… Sabes lo que haces, muy bien lo haces; aunque no sepas lo que sientas. No puedes mandar en Él. Es imposible no sentir todo esto.


Redes Sociales

Comentarios

Comentarios

Tagged on: