La Selva de Roberto y mía

Por, Luis Alberto Nina

Roberto Rosario

Lo que “le dijo Roberto Rosario a su hija, sobre que nuestro país es una selva”, es totalmente cierto. De eso no me cabe duda. De hecho, yo siempre le he llamado así. Siempre. Algunos la llaman “Monte”; otros, “Peñasco o tribu insular”, “Tierra de concreto”, entre otras… Hay quienes, de igual modo, usan eufemismos, “Patio”, “Paraíso terrenal”, entre otros. Supongo que quienes usan estos disfemismos, tienen que dar la cara. O sea, no se puede andar bebiendo romo en la calle y sin bañarse y acusar a otros de inmorales. Tampoco se puede orinar en la calle, vociferar vulgaridades, conducir de manera imprudente, buscar pleitos por banalidades, ser un analfabeto y dirigir una entidad pública o, para resumirlo todo, “andar como Pedro por su casa” y pretender que el orden lo pone tu desorden.

Por ejemplo, yo me doy el lujo, altanero si lo prefieres, de llamar Selva a una situación –que yo no desordeno– porque yo sí sé un poco de lo qué es prudencia, ética, respeto a la ley en su totalidad; yo sí conozco mis derechos civiles y mi bulla tiene control… Ni me gusta la plebería ni lo mío es lo mundano. Con esto no digo que soy la especialidad del mercado, sino que, la educación que se me dio en otro país está por encima de la típica de nuestra nación.

Salto el Limon

Sin embargo, este carajo, semidios, que es parte de la Selva, aunque él no se quiera dar cuenta; que es ella es selva por él, porque por él –en parte– hoy estamos como estamos; por no hacer lo que dicta su institución, ¡porque es que es de él la Junta! Este desastre de elecciones, esa descabellada falta de organización y liderazgo… Lo único que debió hacer el emperador fue, hacer lo correcto. Ni para la izquierda ni para la derecha, sólo hacer lo que dicta la ley; así es que se ordenaría “el bosque”… Para mí, la Selva es un pedazo de tierra llena de árboles, habitada por animales. Ésa es la definición que le doy yo, que quizá tenga alta similitud a la denotativa. Y en nuestra nación, si la Selva es selva, es por animales como tú, Roberto; por lacras como tú, ¡buen carajo! Que –después de cobrar todo el dinero del mundo– no hiciste tu trabajo, ¡de nuevo!

De manera que, la Selva es selva porque te tenemos a ti en la administración pública. A ti no te luce divagar estas pendejadas…

La Mugneca anda inquieta por el qué maldición fue la que le dijo su hija. Por ejemplo, yo especulo ésta: “Papi, aquí donde vivo me dicen que tú das asco, que el daño que le hiciste a nuestra democracia no tienen parangón. Ya la gente menos querrá ni ir a votar. Papi me dicen también que tú mereces la guillotina; claro, que cuando te la apliquen, te van a dejar puesta la corona de emperador… Dizque algo por el ‘ego’ tuyo”.

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