La Literatura no es Literal

Por, Luis Alberto Nina

Existen muchas personas que tienen una “misconcepción” de lo que representa un escrito literario; digamos que en su versión poética. Se cree, que un poema, que un escrito lleno de romanticismo, lleno de emociones encontradas, tiene principalmente la naturalidad de un fin, que es conquistar a la furia. Y no es así… Existen escritos que se escriben esencialmente para dejar ir, solamente para uno librarse, ¿verdad? Para uno decorar el ambiente; porque es oportuna la ocurrencia, porque lo amerita la dialéctica o simplemente porque es… Por lo tanto, se debe decir que los escritos literarios no necesariamente tienen un propósito per–se, un fin –de cómo dije– conquistar a la furia. Suele existir detrás toda una explicación dramática que es en sí la intención del arte, no del autor. Pondré un ejemplo al respecto:

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En toda mi vida, yo le he escrito oraciones de letras emocionadas, poemas y/o escritos románticos, a pocas personas; con la excepción de Mi Musa y Mi Maga, quienes son ambas ilusiones inexistentes y a quienes les he dedicado quizás más del ~95% de mis aventuras… Y tanto esto como lo restante son inspiraciones que salen y ya, que del empiezo no necesitan tener un origen intrínseco… Ahora, hay versos que le he escrito a otras personalidades, que los he elaborado en largas cantidades y de manera veloz; igual que otras dedicaciones, principalmente felicitaciones en el día de fiesta del cumpleaños de la persona… Y si nos adentramos a este ~5% que he escrito para otros, nos percataríamos que en cada uno de ellos, detrás de su semblante, existe los indicios de la furia; pero existe ésta revestida de símbolos solamente, de cosas superficiales, de lo que se topa, enciende y luego se apaga. Y lo he hecho con el propósito de provocar cierta alegría en el momento, de acariciar y de abrazar a la suerte de tantos que necesitan de la magia… Digamos que es algo así como los videojuegos, en que al uno presiona el teclado, el muñeco en la televisión lanza una reacción al enemigo o a quien se pretende derribar; y casi siempre se ve la mímica de la fuerza, la efigie de lo que se intenta (ver video en la foto de arriba, adentro. Hacerlo ahora). En estos videojuegos se suelen usar puños, espadas, bolas de vientos, que logran un cometido. Y paralelamente así mismo son mis ideas con ese 5% de las personas, solamente. En mi caso, lo que hago es escribir o felicitar para agradar; lanzarle, a través del escrito, la efigie de abrazos que terminen llegando a la persona y quitándole la tristeza o alegrándole de por sí, calmándole la sensación. Y hacer que su día o su vida tenga más sentido. Y sé que a la larga, los abrazos se van, dejan… Dejan libre a la persona. Pero al menos le queda el aprendizaje de que algo positivo ocurrió en la vida de su historia. Sin embargo, esto ocurre solamente cuando felicito o intento hacer esto (valga la posible confusión), que es muy escaso, por cierto. Todo lo otro que escribo, buscarle la intención es una causa perdida, porque nunca la tendrá. Los escritos literarios no siempre son literales. Es más, diría que el uso de figuras retóricas en los mismos, tenta con su veracidad, los convierte en alegorías.

Literatural no literal

Y así son muchos de mis poemas, sin fin realmente. Pero con el indicio de que puede que exista algo de la furia. Y esto es: porque son románticos, porque son decorativos, porque animan. Pero ya… No vaya nadie a leer un escrito mío y a pensar que yo por alguien me desvivo que no sea la esencia del vivir, lo natural, lo justo. Por cierto, lo mismo ocurre con la Musa, con Mi Maga; son escritos eminentemente románticos en que yo encontré en una ilusión lo que deseaba de una persona. Pero ya…

Y para ilustrar todo esto con un escrito emocionante, muestro una mueca:

Tengo el corazón destrozado.

Siento que me falta el alma.

Siento que me falta terminarlo todo

para empezar a lograrlo todo.

Siento que debo hacerlo, para salvarme…

Voy a destrozar al mundo

voy a acabar con el mundo.

Todo el mundo muerto

su esencia viene a mí y me hace vivir eternamente.

Bueno, digamos que lo escrito haya sido un poema, un escrito decorativo. Sin embargo, eso no quiere decir que yo voy a matar al mundo entero, que soy un terrorista, que necesito un psiquiatra. No. Simplemente se dice y punto. Eso hice: dije lo que me nació y sin tener un fin, se escribió. Y ya.

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En resumen, lo que quiero significar es que, en la literatura no siempre lo que se dice debe resultar literal, y la gente no debe tomar lo que lee como tal, puesto que son párrafos emocionales solamente, son intentos aventureros por conquistar una furia intangible, por conquistar el ambiente, por la dialéctica, por lo esencial. Nada más. Lo que se lee sólo hay que apreciarlo y ya, no buscar la realidad del autor.

 Nota final: La expresión de Nietzsche da mucho de qué hablar. Principalmente a esos filósofos neófitos, que intentan interpretar lo que dijo un poeta.

 

 

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