Lizeth, hoy es para ti

Por, Luis Alberto Nina 

Días como el de hoy se espanta hasta cualquier sonido, no es todos los días que aparece alguien tan apegado a uno que le estremece el alma de alegría y tiempo. Como intenté decir, hoy –como todos los años– no es cualquier conjunto de cosas relativas, austeras y decoradas, ya que hay por que sonreír acompañado… A ver si me explico de una forma que sólo tú me entiendas: hoy exactamente, hace… hace… hace… eso ocurrió en el año… este… en el año… bueno, mejor me ahorro la edad ésa y seguimos flotando en lo que pretendo entregarte, que no es más que dos o tres oraciones que te hagan volver a confirmar una vez más… y no es como que sea necesario pero de que uno siempre quiere ese «te quiero», lo quiere. Es como si fuese parte de nuestra respiración ya. Cada vez que estamos cabizbajos, ellos nos sacuden, ponen la rueda de un tren imperecedero a empujarse a sí mismo hasta que la balanza de todo esto del deseo, el atrevimiento y cuatro o cinco pedazos de arepas que me gusta que hagas y que quemes… Siempre es bueno cuando me invitas a tu casa y quemas la comida; me gusta porque de repente no encuentras donde meter la cara ni el cuerpo y tus uñas igualmente se ocultan, y a uno entonces le da por encontrarse con todo de ti y abrazarte, decirte al oído o donde sea que nuevamente vamos a tener que ordenarla del restaurante, donde siempre queda buena… pero lo lindo, recalco, aunque todo este tema te parezca tan extraño es que, en ese momento de descuido no quieres nada más que comprensión y esperanza. Y te confieso algo: lo mismo me sucede a mí cuando llego un poco tarde, a las 4 de la mañana. Te lo he dicho un sinnúmero de veces, siempre una de las goma sdel carro se me pincha y tengo que arreglarlas, y por eso es la tardanza, pero nada qué ver con yo irme a beber con los panas o cosas en esa misma dirección. ¡Si soy un trozo de sinceridad! La razón por que lsa gomas que se pinchan siempre es la misma y nunca ando con respuestas es porque yo tengo una forma de cambiar las gomas del carro y llenarlas y volverlas a colocar sin que nadie se percate del hecho; igualmente no ando sucio porque me lavo las manos en el baño del bar… digo… este… digo… me lavo las manos con agua que ando en el carro… Eso del bar no sé de qué tú estás pensando, yo no llego tarde por andar en ningún bar. Y por si lo estás dudando, el olor a alcohol que vive impregnado entre mi pecho se debe a que –siempre que le ando cambiando una de las gomas del carro– pasa un pana por el lado mío y me echa una botella enterita de aguardiente, y es tan rígido lo que hace que me cae una porción en la boca, por eso a veces llego mareado a casa; pero te lo juro por la Virgencita que yo no llego tan tarde porque me quedo bebiendo… Entonces lo que más quiero en ese momento es que me abrases… Así, como me gusta abrazarte cuando quemas la arepa…El truco está en que debemos también abrazarnos cuando estemos felices, nada de solamente los fracasos para abrazar…

 

Quiero que recuerdes que hoy es el día similar al que naciste, al menos en lo que se respecta al día y al mes. Y que hoy hay que hacer burbujas para que estés contentísima, todavía más que la vez aquella en que me dijiste que no tenías reloj y que ni sabias de horario y menos de un tal Calendario, y tuve que esperar hasta que te recogieras la melena para lograr explicarte que, los sucesos de la historias se dan mejor cuando se vive como tú, sin orden, sin fecha, sin deberes… Me vas a matar porque dirás, «Mire, y quién le dijo a usted que yo quemo la arepa, que yo le aguantaría hasta la madrugada, o que soy desordenada y no responsable». Y te estarás equivocando porque no es lo que quiero escribir pero me salen estas cosas raras, además de que suena así… lo que quiero decir en sí es que llamar tu atención me es suficiente, saber que estás ahí para mí, Liz, siempre; saber que si te digo que necesito hablar con alguien nunca me dejas chocando entre tanta soledad y te dispones a abrazarme a tu manera… y te dispones a contarme otra historia con tal de que vuelva a mis cabales y empiece nuevamente a rogar el silencio. Y eso, querida y apreciada Sardinita, mujer de los más recónditos afectos y emociones de mi tan ahogada vida y destino de ímpetu, encaje de mis más admirados principios y flor de siempre… eres un encanto de persona, eres pura, sagrada y única. Y no me gusta definir a nadie de esta manera porque a la larga creo que todos tenemos –hasta cierto punto– las mismas intenciones y los mismos fracasos y tú… tú eres de esas amigas que, llegan y es para siempre. Y por eso te quiero tanto y te procuro igual. Porque eres para siempre; tú y tu carácter, tú y tus movidas, tú y tu función y tus ideas y tu modo particular de amar y aborrecer el instante…

Hoy se encuentra de cumpleaños… tú… tú hoy estás de fiesta; pero más que siempre, porque sé que todos los días sabes hacer de tu vida una historia inolvidable y eso es formidablemente impresionante. Saber que sabes vivir, que has aprendido a existir entre tanta distancia y el azar… ¿Sabes de qué está hecho el azar? Te pregunto… yo suelo tener dudas con este margen. A ver cómo te inspiro al azar; no se controla, sucede y envenena o endulza, pero nunca sucede sin dejar ninguna cola. El azar es la esperanza del intelectual, un toque espontaneo que reaparece a su manera y que, si se identifica pudiera asaltar hasta lo más altivo de la incertidumbre. El azar nos encontró entre medio de tantas palabras y una ilusión original que me mantuvo inquieto por tanto tiempo.

No sé si alguna vez te he cuestionado lo siguiente: ¿quién eres? No sé. Pero lo hago ahora y espero que me lo contestes tan pronto puedas, no quisiera que fuese por este Post, sino de otro modo… Me gusta averiguarlo todo de mis amistades y más de ti, a quien le tengo una valoración inalcanzable. No sé cómo llegaste tan adentro de mi Calendario; asumo que se debe a tu personalidad tan tajante y sincera, a tu forma alegre de vivir la vida y de saber vivirla y de contagiar la púrpupa. Sabes vivir Liz, pierdes cuando debes, ganas cuando tienes que… pero participas, quiero creer, participas en todas, aunque quizás en estos momentos se perciba poco eso. Entonces… dime tú, ¿cómo no quererte cerquita para siempre? Tus sombras han hecho de mí otro, y ese personaje lo quiero más.

 

Espero que en este día pasen cosas lindas en tu vida… todavía más lindas… y que logres expandirlas al punto de que el resto de tu vida sea como desees. No es mucho pedir, es sólo querer menos, luchar más, quedarse y controlar… Eres una mujer espléndida, suspendida de muchos cosas positivas; una madre ejemplar, una esposa divina, una hija y hermana como debe ser, y una amiga como pocas. Tu lealtad, tu atención, tu forma real de compartir y formar parte de la vida de cada quien a pesar de tus propias cosas, son dignas de un  tremendo aplauso. Dice una expresión muy popular que, «Todos queremos tener un amigo, pero nadie se preocupa en serlo». Y en tu caso esto no es así, tú eres una de esas amigas que apoya, que brinda libertad y que controla cuando sabes que ya es inminente el fracaso; sabes cómo relacionarte, digamos… Y eso, al encontrarlo, encontrarte, no pretendo dejarte ir. 

Espero que en estos X años que cumples, que no son nada, para nada… te enfoques todavía más en las cosas de tus propios intereses y que las disfrutes. Sabes que siempre ando por aquí, que también puedes contar conmigo como sé que puedo contar contigo, y que nunca es tarde si nace el deseo, sólo hay que –hasta si es necesario– combatir hasta con uno mismo pero conquistar, siempre vencer.  

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