Lo que no te esperabas…

La silla de mi espacio

Por, Luis Alberto Nina

Tú ya sabes el tipo de amante que quiero que seas; no te hagas. Sabes hasta qué punto quiero que estés. No te asustes tanto. Recuérdate que soy yo, soy yo… Déjame seguir rogándote, ¡déjame! Es lo único que hago, es lo único que hago bien; rogarte sigilosamente y sin devuelta, proponer indecencias con la llave en la mano y sin que nadie nos vea. Es lo único que hago contigo: tentarte. Intentarlo a cada choque, a cada vez, a cada paso; mostrarte qué sucede de este lado, pedirte que cedas un poco más, a que te aventures. Sabes las veces que me gusta esto, sabes las veces que me gusta manosearte… la sien…

Silla de amor

Dime, ¿qué clase de amante serías si no te inquietases, si no se te incitaras, si no se te hablase así de sucio como te gusta, si no domináramos el espacio? Dime, ¿qué clase de amante serías si todo esto no te excitara tanto? Y eso que sólo es el comienzo…

Te explico de qué está hecho mi espacio

Tengo lápices atiborrados por doquier, uno o dos pliegues yacen siempre detrás de una mesa pegada a la pared pintada de amarillo. La luz entra por la ventana del frente, pero nunca hay nadie allí; serviría sólo para alumbrarnos las espaldas. Espero que se mantengan sudadas… Tenemos que tener cuidado porque el silencio nos va a delatar de una vez. Pero no te asustes, para este mal, tengo preparado un frasco atestado de fresas que tiene que enjuagar quien primero deje caer toda la ropa… No planeo tocarte aún, aunque lo deseo más que todo; tu espacio quiero invadirlo sin que tu cuerpo se dé cuenta. Quiero empezar por mirarnos, así como la noche mira al sol cuando va a estallar: resplandeciente y loco por venirle encima…

Mujer encima de hombre

Hay dos sillas que podemos usar para sentarnos e invitarnos a cualquier cosa que se te ocurra; yo tengo mis mañas con las sillas y se me ocurre de todo. Siento que se pueden usar para muchas cosas…. Y más si las pegamos de una de las paredes que no tienen pinturas colgadas. Ya luego te hablo más de las sillas… La puerta del lado es de madera y cristal; pero no te preocupes, el aliento la opaca y tiene buena cerradura; así de difícil como ha sido el traerte aquí…

Olvida la cama y el orden, esos subterfugios están destinados para los muertos. Olvida el romance de la bañera también. En la cocina, ¡bueno! La cocina sabes que tiene de todo aparte de las fresas. Por ejemplo, hay dos cacerolas rosadas que podemos usar para romper el silencio. Si quieres romperlo de otro instante, podemos también dejar caer varios platos o pisar dos copas. ¡Como quieras! Mi espacio es muy pequeño, lo sé. Sin embargo, está lleno de cosas raras que podemos reinventar. Como por ejemplo, podemos coger la llave del carro, antes de que me beses, mucho antes, y colocarla encima de uno de los escondites donde suelo guardar las cartas que te escribo antes de que den a luz. El sitio es una llanura al fondo de la escalinata por donde pasamos cuando entramos a la casa. Mucha gente no se detiene ahí, por eso la trama. Me gusta guardarnos en medio de todos. Continúo: siento que si no pongo la llave en algún lugar nuestro, se puede extraviar y entonces quedaríamos atrapados allí, en el espacio y para todas las veces. Ahora, si te parece, tampoco quiero dominarte tanto; si te parece y es de tu valentía, puedes subirte encima de mis piernas… Sabes lo mucho que me gustaría esto: tu piernas subidas encima de las mías, con la verdad entre tus manos y el sentir acelerado. Te prometo, y en esto tampoco te voy a mentir, no suelo usar esas formas nunca… te prometo que si haces eso, motivaré a que recuestes tu rostro al mío, me puedes besar mientras, e inclinaré mi aliento a tu oído y te haré varias historias atrevidas; no sin antes, entrometerme en tu pelo… Sabes lo mucho que me gusta tu pelo; es negro y salen de él unas burbujas mágicas que me hacen poema.

Y yo, dime, ¿qué clase de amante sería si no te invoco al placer?

Mujer amante

Se me olvidada explicarte mi tiempo: viene por ahí tu tercer libro de La Novela de la Musa y el Poeta. Te entero que ya está terminado. Sólo lo edito y te lo hago llegar. No sé si vas a querer leerlo de una vez como hacen algunas ellas o vas a hacerlo como los otros dos: sostienes los párrafos y cuando te encuentras a solas, intentando rendir la pasión, para que nada de lo nuestro se gaste… No te preocupes, este amor es tan generoso que, primero nos vamos nosotros, antes que él. Él está sentenciado para toda la vida. —él espera, —te digo… “La espera”, se llamará nuestro nuevo mejor amigo…

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