Lo siento, Immanuel

Por, Luis Alberto Nina​

Hasta hoy, a diez meses de la salida de su vientre preferido, tengo poco que lamentar de lo relacionado con el niño que me ha tocado cuidar e impulsar;  se ha chocado con la materia sólo dos veces, nada grave ni negligente de lo que tengamos que lamentarnos. Tampoco ha llorado más de lo debido ni pasado hambre realmente, y cada vez que su queja es por el Pamper o la ansiedad por el experimento, se le ha intentado satisfacer; siempre tomando en consideración que entre ambos se gana y se pierde. Y tanto las rabietas, los consejos, las atenciones, y lo momentos de optima diversión deben y van a existir siempre; no solo un grupo de ellos, sino todos, le he advertido… Mi labor o nuestra labor la veo simple: aparte del amor, inyectarle lo más que se pueda, de la forma más correcta que entendamos y, aprender y persistir en el manejo de sus reacciones. Y a esperar que las decisiones que se tomen en cada momento se acerquen más a la verdad de nuestras visiones a que, todo lo contrario.

La madrugada de Immanuel

De algún modo se quedó apagado el monitor que usamos para advertir los sonidos que Immanuel pudiera generar, a distancia, mientras duerme. Él suele dormir toda la noche, aunque en la última semana se ha despertado casi todos los días con un llanto que late en toda la casa. Al despertarme hoy, contento porque el infante volvió a su recorrido y no se despertó, no porque haya yo descansado, me importa poco dormir toda la noche o no; me percato que el monitor está apagado. Lo sostuve entre los dedos, el pensamiento estaba ya listo. ¡Con razón! Murmuré… Inmediatamente le dije a mi esposa que realmente no sabemos si el bebé lloró o no, que nuestro método más eficaz no trabajó anoche. Inquieta ella me responde, “¿qué estará pensando Immanuel de nosotros? ¿Habrá llorado, y si lo hizo habrá sido por mucho tiempo?” Aprieto el botón y enciendo el monitor, y en cuestión de segundos emergen aquellas rafagas nocturnas, un poco opacas e inseguras esta vez, que me da por susurrar que debido a la pusilanimidad de su llanto, lloró por mucho.

Ahora me preparo para ir adonde él, planeo mirarlo a los ojos y entre su mirada leer qué tanto le debo, si fui injusto con él… quiero sentir ¡qué tanto nos extrañamos!

P.D. la foto relata su síntoma.

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