A los nuevos cuentistas

Por Guillermo Samperio

Guillemo Samperio

  • El acto creativo es un proceso constante de aniquilación del creador.
  • No hay arte sin un conflicto interno que nos antecede, en un tiempo desde el que se vienen formando las maneras de ver el mundo y sus relaciones. Por supuesto, un conflicto desgraciado entre genético y psíquico. Si el que ejecuta el arte no porta dicho conflicto —y en cada uno es particular—, difícilmente le surge la necesidad de expresarse; en la práctica no habrá acontecimiento artístico.
  • Cuando emerge, la obra nace deforme o mezclada con parte de lo que el individuo es. De aquí que, cuando va fluyendo sobre la tela, o a punto de escribirse, intervengan las habilidades, la formación intelectual y las técnicas que la persona ha adquirido a través del estudio y la observación, para reducir la influencia deformante de aquellas partes no artísticas que se entrometen.
  • El aspecto clave del cuento, es que a través de movilizar un elemento emotivo o reflexivo del lector, le abre un campo más amplio de la historia de su vida. Si el cuento es realmente efectivo, le revelará un secreto propio o le permitirá la visión de un aspecto importante del mundo que había escapado a sus sensaciones, a su transcurrir cotidiano.
  • El lector no vive analizando su vida, ni su entorno, y sólo en ocasiones muy especiales se lo permite. Muchos pasan la vida sin hacerlo, o sólo alguna vez, trágica o muy feliz. El cuento genera guías para ver esa vida, para detenerse en si mismo, viendo o leyendo en los otros. Aquí hay una misión conceptual y ética del mundo.
    Como se escribe un cuento
  • El cuento es un relato breve que remueve a profundidad el espíritu del lector, dejándole una marca indeleble y perdurable en su existencia.
  • En cuanto a las formas, he buscado generalmente no escribir ni cuentos sorpresivos ni tampoco lineales. Estos propósitos me han llevada a un problema serio. Yo busqué que el cuento fuera como un magma que creciera y se expandiera, y que su final no fuese lo determinante sino una sección tan vital como el comienzo. He sido de la idea de que cada tema atrae sus formas y sus palabras, sus adjetivos y sus ambientes. Entonces, el escritor tiene un doble papel: realizar el texto, pero también cuidar que ese texto esté acorde consigo mismo.
  • En el fondo, a quien le preocupa cómo crear y por qué crear, es al creador mismo y a los críticos. Al lector le interesa lo que crea el creador. Convencer al lector de que la autorreflexión es también importante; exige alta calidad literaria, como en Cortázar o en Borges. Allí el trabajo de verosimilitud es mucho más fino y preciso; por lo tanto, se vuelve doblemente complejo.
  • Cuando el escritor llega a la palabra, trae ya una idea de lo que es la escritura, de cómo escribir y de cómo no escribir. Esto inhibe las posibilidades creativas, acartonándolas, sometiendo en el individuo su forma de sentir y de expresar. Sugiero que el escritor haga a un lado las reglas que se han impuesto culturalmente y deje fluir su creatividad. Después de todo, lo que dejó de lado le va a servir para reelaborar su material.

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