Mi muro 

Por, Luis Alberto Nina

El muro de Nina

Esta es la única cláusula de mi muro (un poco extensa)

Si vas a opinar en mi muro, con lo que estoy sumamente de acuerdo, hasta te lo recomiendo, me llena siempre de placer invocar al pensamiento; por favor, no esperes que me quede callado cuando lo hagas. Si eso es lo que quieres o esperas, por favor, no comentes. Cada acción –para mí– tiene una reacción, cual sea que sea ésta… Si es que te es necesario opinar y no buscas respuestas o no las quieres, no te juzgaré; pero asegúrate de especificarme en el escrito que, por favor, no te replique. Porque de seguro que lo haré. Siento que responder a lo que se le dice a uno es una mera práctica de prudencia. Cada comentario que no respondo, en caso de, es porque es escrito en mayúsculo (no leo nada escrito totalmente en letras mayúsculas)… Si lo que busca es que te siga el juego, bueno, has chocado con una piedra, sin ánimo de aparentar inmodesto. No hago eso. Seguir el juego es dejar “yo” de existir, y ni juego con las injusticias ni juego con esto. No son versiones de mi identidad. Lo siento…

Mi muro es un espacio donde me libero, donde se relaja mi vida. No es algo del otro mundo y como tal tampoco espero que lo veas así. Sólo es un lugar como otro, como cientos o miles de otros. En él, deposito todas mis ocurrencias; mi rabia, mis pasiones, mis teorías, cosas que me llaman la atención y que –o quiero almacenar allí– o que comparto a ver si a otros se les pega la seda. Nada de lo que pongo es obligatorio ni me define por completo, aunque se acerca. Hipótesis siguen siendo hipótesis y teorías seguirán siendo teorías, etc. Mi misión no es convencer a nadie, sino dar mi punto de vista, expresarme. Y hay algo que también debo decir al respecto: a mí no me da miedo expresarme, nunca ha sido así desde que desperté; viví las primeras dos décadas de mi vida en el oscurantismo corporal, si cabe el invento del concepto; donde sólo racionalizaba todo. Pero ya no, yo desde hace más de una década no me escondo para nada. Ni soy fuerte, ni bravo, pero tampoco quiero ser pendejo, o mejor dicho, tan pendejo… Hay muchas veces que se me pregunta de algo a lo que no genero criterio, en vista –principalmente– porque no lo he ponderado. Las opiniones que me salen de los dedos o de los labios son ideas ya masticadas… Con esto no digo que tenga la verdad conmigo, la gran mayoría de las veces no es así; pero digo mi parecer de todos modos; tampoco son aventuras, las razono… Y en ese mismo orden, quien no opine como yo, que me responda como tal; yo analizaré lo que se dice y, o cambio de parecer o no, pero me interesa sí escuchar la o las versiones de cada quien. En contraste a muchos, aparentemente, yo no ando en esta vida para tener la razón, sino la verdad, aunque nunca aparezca. Tampoco me da miedo el recorrido de la “utopía”. De modo que, lo que yo digo no es lo que lo define todo, lo digo porque siento que debo decirlo. Si alguien tiene una interpretación contraria a la que digo, que, inteligentemente, la exprese, que me refute. Muy a gusto yo razonaré sus aristas y si, ya después de atravesar mis filtros, queda ésta viva, entonces la uniré a mi repertorio de conocimientos, que son pocos, lo admito. Por consiguiente, debo decir que yo sí admito cuando “creo” que no tengo la razón, lo he hecho en medio de debates, “Pedro, tienes razón con eso que dijiste. Distes en la diana. Me retracto de mi parecer anterior. Gracias por educarme”. Lo he hecho muchas veces. Nunca he visto a nadie hacerlo, eso sí… En los debates deben existir aristas que me lleguen, que me conduzcan a cambiar mi punto de vista, uno que tiende a ser muy analizado de por sí. Yo no ando aquí pellizcando los escenarios del vivir, yo medito, yo “conceptualizo”, quiero pensar. Yo admito mis errores, y acepto las verdades del momento…

El muro de Nina

Yo no me educo para no usar lo que quizá he aprendido, ni para no seguir educándome. Mucho menos he leído y me he relacionado, o escrito, para dictaminar cosas. Tú vas a dar tu versión, yo daré la mía; quizá como responda no te guste, no siento que lo hago para imponer, aunque puedo caer en esta imprudencia; sino que, voy a dar mis puntos de diferentes maneras. Es decir, te lo daré en vivo, luego te preguntaré, luego estableceré disyuntivas, luego usaré analogías y/o paralelos. Puede que te moleste que vaya tan lejos en la exegesis de un criterio, pero así soy… por eso te advierto a que mejor no opines. Yo lo que pretendo con todo este intento es llegar al desenlace, a uno diáfano y justo, progresista para todos; y en el proceso, llevarme lo mejor de cada quien, hacerme más fuerte; no para pregonar o lucir X cosa, sino para vivir mejor la vida, para tomar decisiones más coherentes, más humanas, más responsables y exitosas. Sólo eso. Siento que mientras más sepa, más mis pasos van a la luz.

En conclusión, mi muro es un pedazo de espacio, sin silla (para quienes esperan “La espera”), donde canto y espero que otros bailen, si les parece, claro; y donde me siento a ver quién baila mejor para imitarlo. Tampoco hay que escribir perfecto o decir lo más congruente de la bolita del mundo, aunque no tolero las letras en mayúsculas. Quizá en esto yo sea un poco ogro, al no deje que todos opinen y ya, no darles respuestas. Pero es por educación que respondo. ¡Que siga el juego! Bueno… Quizá deba modificar ese accionar de mí, probablemente.

Otra cosa es que, las ideas que se debaten no deben ser tomadas de manera personal. Quien sea puede venir a mi muro y aludir a que un familiar mío es un delincuente porque robó. Bajo ninguna noción yo me voy a molestar por eso, si mi familiar robó. Yo no me tomo la verdad a pecho. Es cierto, humano soy y puede que me moleste, pero debo seguir hacia delante y aceptar. Primero está la verdad. “Platón es mi amigo, pero más amiga mía es la verdad”, le decía Aristóteles a su maestro, a su maestro, a su maestro. Para Aristóteles la verdad era lo primordial; encima de familiares, amistades, colegas, etc. La verdad. Y con este principio siempre he querido vivir la vida. Puede que no aparente eso, lo que sucede es que, si no se me da un punto que yo vea al momento como válido, (que yo vea, no dije que tengo la mente perfecta para verlo todo), entonces no puedo cambiar yo de opinión. Esto no es a lo loco; “yo no digo que sí, si no. Porque hay cosas que ni que…” Y no de todo opino tampoco, eso es absurdo. Ahora, yo sí de todo estudio. No hay temas a los que me dé miedo meterle los dientes. No existe. De todo quiero saber. Los que me conocen saben de mi hambre por el saber. Soy un adicto a la información. Es más, por aquí he gritado: “quien tenga información ‘pertinente’ que me la lance, que quiero saberla…” Y muchos lo han hecho…

Lo bien que se siente uno cuando en medio de un grupo puede generar su criterio, no como imposición, sino como socialización, integración, vida. Lo bien que se siente uno cuando choca con un conflicto y sabe, al menos en teoría, el cómo combatirlo. Estas son las cosas de la vida que me dan éxtasis. AL menos a mí. No somos iguales. No que sea yo mejor, sino que no andamos en la misma línea. Cada quien en sus cosas… Por eso es que no relajo con la educación, para seguir acentuando todo esto. Siempre ando indagando, rebuscando, intentando –como suelo decir– “saberlo todo”.

Luis Alberto NInaMi muro es lo que es, puede que no le guste a la gran mayoría de personas. Y eso no puede tampoco incomodarme. Lo que quiere decir es que, mi personalidad no le gusta a la gran mayoría de personas, si seguimos la hipótesis. Así soy en la vida, igual de complejo. Sé que no soy ningún pan para que me soben todos. Hay quienes aprecian mi sabor o mi “durarez” y se quedan. Y yo agradezco eso, o lo admiro porque sí que soy difícil. Y hay quienes se marchan al instante. Y respeto eso… Sin embargo, no ando en esta vida para agradarle a nadie. Esa no es mi intención. Lo digo totalmente en serio. Quien crea que está más pegado a comí, al día siguiente ya no andamos…

Mi vida gira en torno a varios propósitos: educarme, que es el primero; y con esa educación, ayudar a mi prójimo, que es el segundo. Ambos son el alcance de mi filosofía de vida. Y para eso hago lo que siempre he venido haciendo en mi vida, y espero que se ve reflejado en mi muro…

En fin, de nuevo, para no extenderme tanto: escribo de lo que sea y puedo hacerlo de manera –teóricamente– infinita. Al menos eso he venido a creer… Yo soy lo que soy y de otra forma soy otro, tómame como me ofrezco. Si no te gusta mi punto de vista, óbvialo si te molestará que te lleve la contraria. A mí me encanta que me la lleves. Y si sientes que quieres expresarte, hazlo. Si crees que soy muy fuerte, pídeme que te lleve suave. Y lo haré. Yo soy muy tajante y muy ogro. Recuerda esto… Otra última cosa: cuando opines, en el mismo tono que lo hagas, así saldrá la respuesta que te dé. No importa si eres mujer u hombre, si eres alta o tiene seis dedos en una de las manos, si eres de aquí o de aquel lado, si eres delgada o una puta, yo te voy a responder de igual modo como le respondo a quien sea. Yo no miro rostros cuando respondo. Hago esto porque deseo ser ecuánime, justo, no discriminar. Ahora, si noto cosas de debilidad, bajo la guardia. No quiero ser un abusador…

Gracias por mantenerse cerca, a los que se irán después de leer esto, también le agradezco el tiempo que se quedaron. Esto no es arrogancia, solo definiéndome. Y crees que lo es, imagínate, la vida es lo que es, y no es fácil. Este mundo no está diseñado para los débiles. No obstante, es por los débiles que, paradójicamente, yo intento navegar por aquí.

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