Mugneca, ¡por fin!

Tengo casi siete años esperando una fecha similar a ésta, y se me escapa, siempre pasa y no dejo nada, ni siquiera el intento de un tal reflejo que haga eco en el recuerdo de su voz ni en sus manos. Y lastima, sí que pica el destierro… No obstante, creo que esta vez “agarré al toro….” por la solapa, o algo así; lo sostuve al revés y con mucha proporción. Esta vez estoy anticipadamente listo para algo especial con su vida, con “tu” existencia, mi amada Mugneca, mi muñeca de trapo joven y lienzos de siluetas, mi muñeca de instancias y desvelos, mi muñeca de huida y espectáculos, mi Mugneca… mi muñeca de siempre y a veces, mi pedazo de cosa latente… Casi siete años y sólo el impulso de un escrito que se esfuma en el descuido inútil de un trozo de memoria que poco aprieta y deja ir… ¡Hasta hoy! ¡Era justo que el horario colisionase con estas ansias pendejas pero especiales de quien conoce que existes, te sabe y te vive!

Bueno Mugneca, ya no moriré sabiendo que tu vida ha corrido llena de quejas por toda una estrofa solitaria que suelo untar a cada vez, pero nunca contigo… una ausencia que nada más a ti te ha cubrido… digo, “cubierto”… ¡si le he escrito hasta a las chinolas, pero nunca a ti! A lo mejor considerarás esos dos o tres poemas ineptos que –si los destapamos, quizá– dirán más de Ella que de ti; dos o tres inspiraciones regodeadas de misterios y pulcritud, pero nunca en tu instante, nunca en el romance de este día.

Mi Princesa, ¿cuáles tramas sabes de mí, que no o que si? ¡Si te he dicho casi todo! ¿Y sabes por qué he llegado hasta semejantes descaros? Porque confio en ti, si, en ti; te has ganado mi espacio y sus condiciones, te has pegado a mí de tal manera que, para negarte ya… ¡si te postulas para diputada del PLD! Es fácil cuando se trata de hacer a alguien que se desvíe…

¡Belkys, amiga de momentos exactos! Nos conocemos tanto que, hasta sé, no puedo decir que no, lo emocionado que me pone poderte expresar, aunque sea por aquí, uno de estos disparates con sabor a incondicionalidad, de los que tanto me caracterizan. Y sabes igual que, pudiese durar horas dejando ir tanto de la vida de nuestra relación; de la tuya y la del Negro o de la suerte de los Bumerangs con sabores raros y horizontales. Pudiera, incluso, explayarme hablando de las veces que te le han robado algo al carro; la vez que te llevaron la batería y no te diste cuenta hasta que estabas intentando subir una inclinada y el carro dejó de rodar; la vez que te robaron el carro y solo te dejaron los espejos, incluyendo el retrovisor; la vez que el ladrón te pidió una bola y al final de su jornada, allá en el mismo Guachupita, tomó tu carro prestado y te dio dinero para el pasaje de regreso. Pudiéramos incluso interactuar; tú con tu mirada y yo con mis dedos, de cómo es “opresión” todo, hasta buscar no quedar oprimido ni por el Rojo, el amarillo y el azul, o el Negro… ese Negro que tanto te domina las mañanas, las tardes o las caídas del crepúsculo. O quizá, para finalizar, porque también pudiera escribir lo que sea de “qué podría escribir”; podría esbozarte dos historias y media de cómo -cuando se ama- se persigue y sin mirar atrás, de cómo todo es amor y el resto es pendejadas, parafraseando a San Agustín. Y mira que sé que tú eres de las pocas personas que conozco que verdaderamente vive ese tal y ridículamente absurdo y pendejo amor. Lo tuyo es una enfermedad de esas, un delirio romántico; donde lo único que haces y propulsas es amar, ser sincero, justo, ético, responsable, sonriente y, cuando nadie se queda mirándonos, peinar un chivo y despertar… Y no me voy a ir por esa rama de amar soñando o de soñar amando, creo que a lo que más tú diriges es a la realidad; a esta realidad donde se continúa la vida, donde todo es igual y pasajero…. Y te quiero por eso, y por un montón de cosas que nunca digo pero que pienso…

Recuerdo la vez que me dijiste esto, me hiciste sentir que no estaba demente.-

Te quiero porque junto a ti uno crece, no de tamaño físico, desafortunadamente, sino de mente, de alma, de principios y de autoestima. Contigo, mi valorada política, todo lo que uno hace tiene un fin y, aunque al principio sea un sainete más… eso mismo del mundo… tu apoyo es fundamental para empezar los cimientos de lo que uno puede llegar a hacer o ser. Si no existiese esa persona que le diga a uno, “si, sigue, dale, que si hoy no es perfecto mañana lo será; y si no resulta mañana, por esto o por lo otro, entonces pasado, pero nunca te rindas, nunca dejes a medias el camino de tus decisiones…” Y contigo he aprendido eso y dos pesos de aceituna y tres de alcaparra; que te la echen en la misma tacita. Y de camino, párate donde Fefa, dile a ver si te puede regalar un chin de salsa, estos espaguetis sin ella no se los comerá nadie… a menos de que se haya pasado trabajo en la vida, a menos de que las circunstancias no hayan sido normales para escalar como otros… Y ni así se queja uno, lo digo aquí solo porque me importa rellenar la idea del progreso a base del esfuerzo. Pero no es en forma de queja, sino de ese “cimiento” para crecer todavía más, para despegar a sabiendas de que, en el pasado quedó todo y hoy estamos mejor…

Eres de esas amistades de construcciones verticales; en lo ético, en la catarsis, lo resiliente, lo prudente, lo romántico, lo respetuoso de las ideas donde se aviva la libertad y la tolerancia… eres un paquete completo, sin enredo y con mucho suspiro; aunque a veces vienen dentro tamales, bolsitas de palomitas de maíz de ésas que el caliente hace que exploten las semillas restantes… pero de que vienes-vienes; poco miedo le tienes al intento y a la ocasión, tus rabietas -y más si tienen que ver con injusticias- las colocas en la palestra y enteras tu posición. Y por esto también te quiero y te admiro. Siempre hacen falta personajes que defiendan, que saluden, que abracen; y vos posees todas estas cualidades y la otra, la de la disposición y el esfuerzo; porque sí que trabajas, sí que le sacas provecho al tiempo. Sabes estar con tus amigos y propagar el amor, “amorar” a tus hijos, apoyarlos, y defender tu hogar; sonrojarte también y mantener el margen y… siempre estar pendiente de todo aquel que necesite de ti. Eso, sino sales corriendo. A menos que haya que saltar, flotar o impulsarse. Entonces eres un halcón con moñas doradas y garras venenosas. Y por todo esto te quiero y te respeto, porque no hay silencio más tenue que el de tu humildad, la conquista de tus metas y la asimilación de tus fracasos. Sabes, como pocas víboras, pedir perdón. Y lo haces de una forma tan amable y sincera que, el que no te perdona pierde un pedazo de ti. Eres extraordinaria. Y te lo he dicho, eres el paradigma de la mujer dominicana. Cuando yo tenga una hija, que ya eso no sucederá, espero que no me salga en nada a ti… ¿qué era lo que iba a decir? O si, que me salga a ti (Uff, por poco me traicionaba el subconsciente). Sí, que no, digo, que si se parezca a ti pero con sus propias convicciones y riesgos; que se siente con tu ánimo, que se pavonee con tu humildad, que se confunda con tu integridad, que llore con tu alegría y que, si se levanta bien temprano, nunca se haga adicta de su Negro, ese malva’o es muy perfeccionista, caliente y, quien cae en sus garras, lo bebe hasta tres veces al día; lleva a la quiebra fácil y a cualquiera. En fin, porque tampoco te voy a escribir toda la mañana, no porque no lo merezcas, sino porque no estás pegada en el Gobierno. Simplemente…

Esta imagen personifica lo que eres: amor, complicidad, esfuerzo y apoyo…

Te quiero, amiga, tu personalidad es una orquídea flotante, una lágrima de atención y cambio, contigo se hace uno alguien y ama, por ti… por ti… este… cómo te digo… por ti… por ti… ahh, ya sé, por ti… ya se me olvidó de nuevo… digamos que por ti, uno se arriesga a lo que sea, hasta a no hacer nada y todo, y al revés. Este es tu día y de un reguero de gente más, pero, como sólo te conozco a ti y a mí ahijada, es su día. Así que, a disfrutarlo al máximo, a vivirlo en grande; hoy y los días restantes que resultan una eternidad. ¿Sabes para las cosas inmensas que da un día? Como para despertar muchas veces, y hacer despertar a otros…

Te quiero enorme y lo sabes. Me gusta empujarte también, aunque eres una mujer bien definida en sus metas; intento no imponer nada, sino animarte al brinco, así como tus “involuntades” lo logran. ¡Qué lindo es haberme topado con vos! Algo así como dijo Benedetti, “De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver cosas que tú no ves.” Y contigo uno crece. Lo dejo en éstas…

Felices pascuas y que “el Señor te colme de bendiciones”. ¿Así que dicen, no? Y que aprendas más, y que vivas más a gusto, y que las cosas que anhelas -aparte de tú esfuerzo- la vida ponga de su suerte, y que sean bien manejables los momentos de alegría, que los estreches todavía más; y si es que no llegan, no dejes nunca de despertar. Y ya despierta, mira ver si ves a mi Ella por ahí, le dices que le voy a pintar la cola de carmesí, y que si no se deja, la invito al salto, hasta yo ruedo primero… Y si es que no entendiste nada de lo que escribí, estoy vendiendo diccionarios con faltas ortográficas. De esos que desgusan todo este altercado amigable y espacioso.

Te quiero, amiga, porque no te da miedo decir “te quiero”. ¡Felicidades por tu vida! Igual estamos cerca de ti, siempre cerca de ti, hasta para todo. Te lo mereces…

Luis Alberto, Princeso

 

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