Noveno Aniversario

Por, Luis Alberto NinaOtro año más que trascurre y sigue el suspiro remontándose, aguantando, esparciéndose entre toda esta vorágine de exquisitez, tensión, aventuras y tiempo. Y regodeado yo, como aquel primer día en que me enteré que existía alguien con quien podía revivir mi existencia. Y nos conocimos, realmente nos conocimos; participamos en largos momentos de diversión y cerca de esa magia que crea la edad cuando quiere volar… Y entonces el lance hizo su hechizo y continuó desentrañando las brumas de toda una marea que se conmemoraba entre tu voz, mi cuerpo, dos golpes del silencio y un relámpago de esos que nacen entre el misterio de un suceso enamorado.

Hoy se afirman nueve años de una firma que selló un empiezo inagotable, un tipo de excitación que se cae cuando nos despegamos; cuando tú no estás, cuando yo no estoy. Fácil, ha sido navegar todo este vaivén… contigo… fácil, ha sido encandilarse y partirse en dos y en tres y en cuantas veces fuere esencial para que a los dos nos sobrara de las gotas del tiempo, que su maraña no hiciese otra de las de él.

Sabes, me alegra que seas tú, contigo, que sea contigo que –al despertar– reviva el ánimo de mis días. ¿Qué puedo decirte que no te he contado ya? La historia del cómo te miré la vez que caminabas a mí, exactamente ese día y a ese minuto; la vez que te peinabas y yo me reía del cepillo lleno de tu pelo, ¡cómo te enfureciste! La vez que cumplió tu piel tres décadas de existir fuera del vientre de tu madre, que te dije que te quería así, con esa edad, y ni una ráfaga más; la vez que te dediqué el Caramelitos, verte reír fue un suceso de esos que teje una onda de cosas bonitas y arrugadas, manchadas de ti y de mí y de no sé qué. Quizá fueron las Águilas nuevamente que perdieron y no quisiste salir del aposento. ¿Sabes que dejé de ver deportes para no tener que atacarte cuando perdieran las sigüitas ésas? Lo hice por ti, lo hice para tener más tiempo para estar con… Facebook. Aunque debes admitir que ya suelto el celular más, que le dedico el bocado a nuestra Pequeña Estatuilla… La vez que te vi mirarlo, a Immanuel, por primera vez, la vez ésa, tu tristeza se notaba radiante; era una de esas ramas que bota el cuerpo cuando quiere reír, el sentimiento de una emoción que no sabe si reír o llorar… La vez que me viste despertarme a las 3:23 AM, agarré el peine y en el espejo me acomodé la melena. Te había dicho que no podía dormir bien si no me peinaba. Recuerdo que sonreíste por la trampa, que dijiste, «No puede ser», que te quedaste boquiabierta y que me señalaste la vaselina de coco que hace crecer el pelo. Te confieso algo de esa vez: todo fue falso, tú soñabas, yo nunca desperté esa noche. Te seguí el juego al amanecer porque te noté tan sorprendida que no quise contradecir tu alegría. Sabes que nunca me despertaría a las tres y algo a peinarme, quizá a las dos sí… La vez que te dije que quería vivir contigo para el resto de mis días, o al menos hasta que despertara de todo este sueño. La vez de ayer que me enteraste de nuestro aniversario, que sería «mañana» (hoy), que había olvidado comprarte aquella cadena de brillantez. Te pido disculpas que no pude comprarte el diamante, tuve que darle la leche al niño y tener el corazón que mirarlo tan fijo, sabes que él hace que a uno se le olviden cosas. Pero no volverá a pasar… todas estas veces, mi adorada Amores, todas estas épocas yo las he vivido y sentido. Y sé que tú también. Son momentos nuestros, de nuestra fraternidad, tuyos y míos… bueno, y de quien lea esto, será…

Hoy es un día especial, se amontonan los años y nos encogemos cada vez más. Lo bueno del tiempo, a veces, es que cuando está para uno, está, y ahora que somos tres, que hay un tortugueador que nos evoca sonrisas hasta del sonido que emite cuando yo lo fuño y te ve entrar, como todo su Salvador, sonrisas que le dan aliento a uno hasta para seguir tratando… Ahora está él, a quien le dedicamos no sólo de nuestro tiempo, sino de nuestras ganas, de nuestros intentos, de nuestras nuevas restricciones. Y todo por verlo suspirar, por verlo reír, por verlo agarrar ese biberón y chuparlo con su boca de un modo como que no hay mañana… y si me lo quitan les va a ir mal. Es un encanto de ser, es una pieza de nosotros, un eslabón al deber, una oportunidad…

Este aniversario ya veré qué me invento para sacudirnos, te adivino que esta vez no te llevaré Cheeseburger, que tampoco cocinaré plátano con huevos, y que no iremos a cenar como de costumbre; esta vez debe ser distinto, debe ocurrírseme algo fantástico, como terminar una de las Series de Netflix, o no te hablaré más de Odebrecht por una semana. A lo mejor me dé con cerrar a Facebook por 3 horas, o ponerme ropa cuando esté en casa. No sé, algo extraordinario como lo descrito se me va a ocurrir. A lo mejor te compre una tarjeta de dos pesos para que llames a R.D., o… es que no sé, algo raro se me va a ocurrir. Eso sí, te advirto que no será igual, nada de lo mismo ni aquellas promesas que nunca se cumplen. 😀 (¿Qué figura retórica usé en estas últimas dos oraciones? Si me dices ésta, te doy tu gargantilla).

En fin, nos vemos en par de horas, mira que me muero por comerme a besos al Papuchito, que quiero tenerte cerquita, que tenemos que ir adonde mi Farelie, mi ahijada, que está de cumple’ hoy y hay que sorprenderla con besos y abrazos y decirle que la quiero enormemente, que la querré siempre, que la admiro y es muy importante para mi vida, me da paz, alegría…

Ay amores, ha sido muy lindo esta–casi una década, ¡si eres una especie de tranquilidad! Me das mi libertad, me dejas flotar aunque me tengas agarrado por las piernotas (vez, que Immanuel sacó mis piernotas). Siempre me dejas ser, me empujas, eres mi porrista número uno y eso me encanta, aunque de vez en cuando no cae mal que traigas a las otras porristas. Quedaría mejor el Show si no es sólo una… contigo me siento hecho, de verdad que sí, es casi imposible que no sea feliz; no me hace falta nada más que medio millón más de besos y de tu tiempo. A lo mejor una cosa, que sigas siendo tú, tú junto a mí, que se repitan estos nueve años (no pude no apretar los dientes en esta última oración, Sorry). Eres ideal, de volver atrás, volvería a… a… a… mierquina, este… volvería a… casarme contigo. Ufff, ya lo dije, ahora quítame ese cuchillo del cabello.

Te amo, Mi Caramelitos, eres mi media mitad. Gracias por tolerarme.

Luis Alberto,

Tu Morenaje.

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