Nudos al azar

Por, Luis Alberto Nina

Cuando un nudo se desata, es como si se hundiera la tierra y se quedara uno en medio a la intemperie. Se suelta el esfuerzo y todo recae, se pierden los tiempos y la acción deja de aguantarse entre ellos. Hay nudos que nunca se equivocan, que nunca desnudan su piel, que la vida hace de ellos y se queda con ellos. Éstos son nudos irreversibles, que merman el afán y que persisten; nudos sinceros y grises y elegantes. Este tipo de nudo crece sin la ayuda del viento, ni de la soledad, ni del silencio, es el mismo que atrae polos opuestos, los de color carmesí; los atrae, ¡te lo juro! Los he sentido tantas veces entre el tiempo; chocándose y no mirando atrás… Y existen, sí, están ahí; viven porque conversan y convencen, porque cóncavo y convexo, porque quieren vida…
Nudos al azarCuando un nudo se desata, todo vuelve a lo que era y no era; se pierde la magia de la esencia y tocar se tilda una ilusión. Aunque hay nudos con rostros de lazos afilados y elaborados; nudos delicados, nudos leales… Así es, hay nudos que se alejan y otros que se aguantan y se quedan y, a veces, cuando nadie ve sus milagros, resultan más empacados y osados que, llegar adelante da igual como quedarse. Este tipo de nudo –si es que no sé desata– mata.

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