Nuestra plancha

Por, Luis Alberto Nina

Volteo adonde Mi Pequeño Talismán, éste me mira con pose de que está a punto de llorar; le sonrió –mostrándole una plancha que uso en la mano derecha, en el proceso de alisarle las arrugas a una camisa con que planeo engalanarme–, y él me mira fijo… Intento hacerle entender que Papi lo va a atender de modo más formal en un pequeño espacio, sino que ahora mismo está planchando una camisa. Pero al parecer, entiende poco lo que arriesgo porque no ve siquiera adonde cae la plancha, encima de qué se desplaza, puesto que existe entre la camisa y él, un fuerte muro de otras ropas dobladas que, le cohíben juzgar toda mi expresión. Cualquiera que hubiese estado en mi posición, hubiera arribado al mismo llanto: ¿qué estará pensando Mi Amuleto? A lo mejor se preguntará «¿para qué…?» «¿Por qué razón el hombre chistoso, que siempre me mira y me da el liquido blanco ése que tanto me tranquiliza, le pasa esa cosa gris–extraña, a la camisa que dice que se va a poner?» Su mirada es como bisagra sobre la plancha, alarmada de confusión… «¿Con qué intención usa del tiempo, ése, del que tanto me ha hablado, que era lo más importante que tenía cada quien; y ahora lo dilapida en uno de esos oficios fútiles con que al hombre le da con desviarse?» La intriga, soterrada entre aquel silencioso paseo de sus ojos, me ha hecho sonreír mucho más de lo normal… E Immanuel menos deduce…

«¿Cuál es la idea detrás de que una camisa debe estar de cierta manera y no de otra?» Las reglas, hijo mío, las normas de la sociedad; todos estos protocolos, etiquetas, cánones, pautas, patrones, digamos, en que nos desenvolvemos a diario… no nos percatamos de los sinsentidos que permitimos, hacemos y hasta de los que no hacemos… ¡cómo no apreciamos esos pequeños momentos en que valemos o malgastamos el tiempo! Definitivamente, el bebé se estará preguntando: «¿por qué, Papi, haces lo que te dice otro, lo que otros hacen? ¿Debo hacer lo mismo yo también? ¿Debo emular lo que haces y le hago caso a todo el mundo? Pensé que habías demostrado que debía ser diferente, que esa era la clave de la sabiduría de este planeta; arrancar por mi propio lado, permanecer, persistir y existir… todo, desde mi perspectiva, claro; vivir–aprovechando el tiempo, y no al revés».

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