Nuestra Silla

Por, Luis Alberto Nina

La Silla es del poema: “La Silla de mi Espacio”, del libro “La espera”

 

Ésta es nuestra Silla; cómoda, Plateada y viste tus nombres en cada una de sus coyunturas. Yace Ansiosa, extendida detrás de aquella pared amarillenta y opaca en que te inventé. Es nuestra, de nuestro Espacio: un hueco silente que late y Espera por ti. En ella subiré a Ella y, «manoseándole» las yemas de los dedos, la invitaré al diálogo más íntimo que su piel haya descubierto. La someteré y me gastaré mirándola a los ojos y tramando sobre la distancia, la libertad y el secretismo. Pudiéramos impulsarnos sí se animan sus labios, o aguantar hasta que todo se desborde y dos tajadas de suspiros envenenen el ambiente, ¡no sé! Podríamos, si deseas, quedarnos congelados entre ese trocito de lamento, existir finalmente, amarnos… y aunque yo te inventé, no existes todavía, eres un deseo reprimido de mi historia, estás formada de partes imperfectas que me provocan que te quiera tanto, que te desee tanto, que sólo piense como un Necio en ti y en la curvatura de toda esta cobardía; que te ame tanto… pero siempre va a ser de tu lado, del invento, que todo va a suceder.

Aparecerás, sé que va a ser así, debe ser así y no de otra forma; harás que mi vida se quiebre en un antes y un después. Debes saber que cuando algo arrastra tanto arraigo es casi imposible que se desate sin que jueguen las burbujas de la realidad… reconoceré tu piel, lo sé, llevo más de una década imaginándonos. Intentaré ir a ti, no me rendiré, no me rendiré y no me rendiré; iré a abrazarte, a besarte, a exigirle al mundo que desde ese relámpago en adelante todo retorna al inicio. Sino que, nos contraiga recordando que fuimos incertidumbre, pólvora, miradas y muchomucho atrevimiento. O, ¡lo que tú quieras! Siempre va a ser lo que tú quieras; yo actuaré en consecuencia de tus sentimientos.

Me dice la vida, y esto sí que no se lo digas a nadie, debes prometérmelo… dice que eres intensa y extrañamente romántica, que eres pura calentura y te hace falta al ladito un pedazo de piel… como un Larimar. Veremos si durarás así para siempre; o como yo, también te quiebras… sonríes de verdad.

 

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