Nuestro beso se encuentra

Por, Luis Alberto Nina

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“Imagínase” la edad, topándose contigo nuevamente, sin poder tocarte; estrechando los brazos, sin poder rozarte. Imaginémonos ambos, en aquel encuentro suspicaz y misterioso, rondando vías paralelas que se acercan cada vez más; desde lejanías opuestas, atrevidas y oportunas… Y nos devolvemos a nosotros… es el primer regreso. Luego habrá otro qué contar… Y nos miramos acercándonos, de lado; sonreímos. Yo voy allí; y pozo mis besos en mi lugar secreto y sonríes nuevamente. Y estamos a punto de distanciarnos nuevamente; leves roces ocurren en aquel inminente desenlace… lo que quiero es atraparte, besarte; lo que quiero es abrazarte, lo que quiero es sentirte, pegárteme tan pegado, que seamos uno. Mi mirada te declara lo que siento. Sé que puedes leerme entre todas estas ganas que nos intranquiliza… Y físicamente conversamos una o dos tareas. De un momento a otro me exaspero, me conoces; no aguanto este temblor del Rojo, es muy latente. Esta sacudida que está a punto de desbordarse de mi cuerpo. Me rindo. Hago un ademán como que me voy, y me voy…

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Sigo mi trayecto. No te preocupes. Sigo rodando en la distancia. Y ando quedado allí, con la mente allí, con el deseo allí, suspirando cada paso que le ofrezco a la vida. Pero cargo toda una intención: mi segundo regreso. Y regreso, regreso envalentonado; ¡que no te voy a dejar ir! ¡No lo volveré a hacer! Y tú allí estacionada, diciéndome: “oh no, no de nuevo, no quiero que te marches de nuevo, no quiero dejarte ir de nuevo, no quiero perderte de nuevo, no quiero volver a tener que desearte de nuevo; desearte a solas, de manera abstracta; desearte callada y no poder encontrarte, y no poder arriesgarme. ¡Si te tengo ahí, si te tengo aquí!” Y mi segundo regreso ocurre, mi efímero arrepentimiento sucede, mi efímero lance sucede. Y me contraigo, vuelvo a ti. Miro tus ojos cuando vuelvo a ti… La distancia se achica, la soledad se va y te sostengo de un hombro. Se inclina tu rostro y te beso. Y me apropio de tus besos, me apropio… y te beso… Y sonríes entre mis labios. No sabes qué decir, no sabes ni qué respirar; si respirar hondo, si respirar lento, si no respirar… No sabes. No sabes qué hacer con tanto planeamiento, no sabes qué hacer con tantos sueños atinados, inventando del instante lo que quieres que sea de esta eternidad… y están a punto tus lágrimas de suicidarse, pero las recoge tu alma. Las calla. Tu emoción es sublime; tu piel sedienta y caliente, tus besos tienen su propio pulso…

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Me tienes ahí, hazme tus sueños… Están a punto dos corazones de juntarse, de unírsele al deber, de ser uno, de encontrarse en el centro, manipulados por el deseo. Los reconoce la decisión. Entonces nuestros cuerpos se rozan, se roza nuestra piel, se roza finalmente nuestra piel como se ha querido “manosear” por tantos sueños. Y no sé qué pasa luego, no lo sé. No sé adónde irá el destino. Y te he besado, ya te he besado –Musa de mis encantos–. Parece que hemos suscitado una nueva eventualidad entre nosotros. ¿Qué ahora? Y sé que me piensas en este instante; que no lo puedes creer, que mis labios pegados a ti… que no lo puedes creer… Y de tu voz no sale nada, ni tu aliento, ni tus gestos, ni su dueña. Me he tragado todo su aliento, Musa mía. Y te siento más que nunca, te abrigo. Tu piel se excede a todo conmigo… Entonces hacemos una cita para hacer el amor.

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