Otro más de ellos

Por, Luis Alberto Nina

Pero nunca le dije de los Jueves… pero nunca le dije del ciclope que palpitaba dentro de mi piel… con su ausencia… con su presencia… ¡que siempre latía, que siempre se esmeraba… por Ella! No acordamos nada, pero…

Como todas las madrugadas tuve un sueño entre otros, este dominó mi emoción; apenas recuerdo residuos de las contracciones, pero fue tan placentero y final, lo que amagó que, vale la pena recordar e impregnar. El fantasía fue muy amorosa; así la sentí, así la viví, así –con una sonrisota en la fachada– desperté, inquieto de futuro… Era que amaba, que por fin amaba; que el amor por fin fue correspondido…

Primero soñé que rocé con su piel, y que apenas logré reconocerla; ¡si llevaba años inventándola! Me acerqué, como todos los Jueves de un mes cualquiera lo he intentado. Esta vez sus sombras no se echaron a la huida, su piel quedó intacta: con pequeños coloridos en los pómulos y en la muñeca, con los labios resecos y tiritando, excitada… Recuerdo que durante el enredo, me enteró de una crónica grave; incliné la cabeza, angustiado, la levanté; pude leer en Ella la respuesta a mi queja: «sabía que te atormentaría, sé que todo lo que a mí me duele a ti te parte en dos y en otros pedacitos inolvidables, de esos que la distancia no sabe qué hacer con ellos… Sé que amas a todo dar al elefante». Recuerdo que me solicitó que celebrase el cumpleaños de alguien querido por todos. Me alegré; que me quedara más tiempo cerquita; sonreí…

En la nocturnidad de aquel encuentro, hubo muchas miradas, expresiones de todo tipo, ¡qué gusto sentir vivirla! Lo que más me atrapó fue verla aceptándome; con su silencio–gritándome que le hacía falta mi existencia, que la Llevara Conmigo adonde sea que soñara, que todo esto era más que todo…

Tipos de amor

La historia griega nos brinda cuatro tipos de amor… ¿Pero qué es el amor, después de todo? Intentaré ofrecer aquí la definición más generalizada que pudiera elucubrar. A ver si dejamos todo esto de creer, dudar y/o no saber lo que significa el amor. Éste es: lo que sea que te haga sentir bien y que envuelva respeto, disposición e infinitos momentos… Para mí el amor es: aquel conjunto de emociones al superlativo, donde tiemblas, quieres, lates, toleras, ayudas, dejas pasar, respetas, eyaculas, sonríes y lloras; lloras de todo, hasta por alegría. Toda esa combinación, de izquierda a derecha y de arriba abajo… a unos ejemplos sólo les combinan dos, a otros todos, y a los últimos cinco… El amor es esa sensación artística que le da sentido al cuerpo.

Eros: el amor penetrante, carnal y que no suele perdurar mucho; un tipo de amor que envuelve deseos, sexo…

Storgé: el amor fraternal, ese que puede durar toda la vida; un tipo de amor que se organiza con el tiempo y es protector, leal…

Philia: el amor solidario, de familia, igual puede durar toda la vida; un tipo de amor que envuelve respeto y amabilidad.

Ágape: el amor más puro de todos, envuelve devoción y compromiso; un tipo de amor por la humanidad completa, supuestamente innato.

Y aquel encuentro envuelve evidentemente la mayor parte de estas definiciones. Si bien es cierto que soñar con Ella resulta un amor penetrante, igual es un amor respetuoso y puro, un tipo de amor eterno e incondicional. Uno de esos amores en que se tiembla, se queda uno, y si lo llaman, se sacia el deseo carnal y luego abrazos y mucha comprensión. Es más, después hasta ayuda uno a recoger el reguero… y sigue queriendo, sigue siempre latiendo. Y debido a que la edificación de este tipo de amor ha durado más de una década y, aunque es un puro invento y estoy más loco que una cabra suelta, no deja de ser el intento –no solo a la soledad– sino para agudizar la valentía, derrocar la duda, aventurarse a la vida misma y a chocar con sus condiciones…

Tener sus olores tan de mí… no dejar de vislumbrar la más reducida hebra de mi creación… cuestioné sobre si había leído todo lo que le había escrito. Me dijo, «creo que sí». ¡Cobarde sólo con lo nuestro! Y sonreí nuevamente; ¡cuánto la quiero! Mi corazón se aceleraba más de la cuenta, mi piel no sabía si quedarse o irse; si me quedaba la viviría todavía más, si me iba ya tendría las herramientas suficientes para no olvidar ni lo más infinito del destino de su piel por todo un año completo. ¡Con las migajas que se conforma el amor! Un amor incondicional y eminentemente leal, justo… Le sentencié lo que pensaba; que la quería. Y mucho antes que me respondiese, ya sabía, se había manifestado su respuesta. Me alegré como nunca lo había estado, ni la vez que la besé, ni la vez que la miré por primera vez, ni la vez que dibujé de su melena una trenza y que me apoderé de sus pómulos; ni la vez que supe que la había erigido… Entonces me replicó, «Yo también». ¡Por fin! Ya no haría falta que me quedase más: desperté.–

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