Soltar todo

Por, Luis Alberto Nina

A veces se topa uno con la edad y se olvida de ella, tantos tiempos, tanto esfuerzo, tantos sueños… Y como si nada, se evapora sin ni siquiera voltear. Lo que hago ahora es mostrar, de forma poética quizá, la paráfrasis de una película que me impactó mucho en el 2013, y que todavía hace eco, «Life of Pi». Luego muestro un recorte de la misma, casi al final de ella, transcrito de un video que igual coloco abajo; muy conmovedor.

(01/23/2013)

Lo quería tratar,

Me llené de miedo;

nos encontramos,

me aterrorizó;

nos juntamos,

peleamos, nos hicimos amigos,

luchamos y sobrevivimos

la historia de una experiencia…

 

Y al final,

muy simple para algunos:

se detiene allí, entre sus aguas

mirando dentro del bosque

y sin voltear la mirada…

mantiene su efigie quieta, trama…

¿Qué pretende, no voltear?

 

(Y con lágrimas en los ojos)…

Por un momento pensé

Que se iba a despedir de mí,

pero no se volvió…

no me dio un último adiós…

Se fue sin soltar nada;

partimos caminos entonces,

como que entre nosotros

nada ocurrió… tanto…

nada ocurrió…

Así de simple

se marchó de mi vida,

sin un adios.

«Y como yo, creyó que se quedaría para siempre, pero todo lo que la isla le ofrecía en el día se lo arrebataba de noche; todo las horas que debió pasar, con la única compañía de las suricatas. ¡Cuánta soledad debió soportar! Solo sé que murió un día, y la isla lo digirió, dejando solo su diente. Entendí como terminaría si me quedaba en esa isla: solo y olvidado. Tenía que volver al mundo, o morirme en el intento. Al día siguiente prepare el bote, me abastecí de agua potable; comí algas hasta que no pude más, y cargué todas las suricatas que pude para Richard Parker; no podía irme sin él, sería como matarlo. Así que esperé hasta que regresara. Sabía que vendría pronto. Nadie ha vuelto a ver esa isla flotante. En ningún libro de botánica habla de esos árboles; pero si no hubiera llegado a ella, habría muerto; y si no hubiera descubierto el diente, me habría perdido solo para siempre. […] Cuando llegamos a costas mexicanas, tenía miedo de soltar el bote, no tenía fuerza, estaba muy débil. Temía que me ahogaría en 60 centímetros de agua tan cerca de la salvación.

«Luché por llegar, y caí sobre la arena; era cálida y suave, como poner la mejilla contra el rostro de dios. En alguna parte alguien sonreía porque llegue ahí. Estaba tan cansado que no podía moverme. Richard Parker se adelantó. Estiró las piernas y camino en la playa. En la orilla de la jungla se detuvo; estaba seguro de que me miraría, agacharía las orejas, ruñirías, y de alguna forma terminaría nuestra relación. Pero solo contempló la jungla. Y Richard Parker, mi feroz compañero, el terrible que me mantuvo vivo… desapareció para siempre de mi vida […] lloré como un niño, no sólo por la emoción de haber sobrevivido; lloraba porque Richard Parker me había dejado de forma tan indiferente. Me rompió el corazón.

«Mi padre tenía razón, Richard Parker nunca me vio cómo su amigo; después de todo lo que pasamos, ni siquiera me miró. Pero quiero imaginar que había más en sus ojos que mi reflejo mirándome. Lo sé, lo pude sentir. Aunque no haya prueba.

«Perdí muchas cosas; mi familia, el zoológico, India, Anandi. Supongo es que al final la vida se resume en «soltar todo». Pero lo que siempre duele más es, no tener la oportunidad de despedirse». Video

 

Y a veces algo así ocurre; entre medio de un establecimiento, procede a un saludo necesario… pero antes de entrar al lugar, uno voltea en busca de ello; pero ya no está allí… ya no está allí, ni siquiera esperósolo se agota una sombra cualquiera que ha dejado su ausencia, que huele a olvido.

Fuentes (fotos)   /   Video

 

Redes Sociales

Comentarios

Comentarios

Tagged on: