Tu amuleto

Por, Luis Alberto Nina

amuleto

El bebé se sostiene de aquí, de este amuleto que cargo en mi cuello de hace casi una década; asumo que pensará que, si papi lo lleva, debe simbolizar algo. Me agrada la idea de verlo sostenerse de algo tan mío; considera uno amigo a aquel que está en la vida de uno por meses, no me puedo imaginar no tener cierto vínculo con mi amuleto, si lo he llevado tan cerca de mí, adonde sea que he ido… no me lo remuevo por nada en el mundo, ni cuando sudo. Asumo que me ha salvado de algunas cosas. No soy supersticioso realmente, aunque cuando paso por debajo de una escalera, no dejo de cruzar algo de mi cuerpo, también cuando piso sal; no abro nunca un paraguas debajo de un techo o algún lugar cerrado y menos estoy indispuesto a «no tocar madera» cuando aseguro algo o más bien, cuando intento contrarrestar la desgracia.

nihilismo

 Aunque debo afirmar, lo juro, que dejé eso de no pisar las rayas de la cera desde hace mucho ya. Y no, no me considero supersticioso, aunque sea difícil de defenderme. ¡Sí soy nihilista! De esto estoy seguro; la idea de que soy libra y mi hijo estuvo a varios días de serlo, no me agrada bastante, de todos modos, sé que eso no debe importar en nada para que sea similar a su padre en algunos aspectos humanos… Es difícil cuando uno tiene que defenderse con pocas pruebas en mano. Dice un intelectual dominicano, Premio Nacional de Literatura, Andrés L. Mateo, que, «La verdad son muchas cosas juntas al mismo tiempo». Asumo que no hay que explicar que esas «cosas» de las que él especula, deben tener sentido. No existe verdad en lo que no se puede defender, al menos teóricamente. Siempre he sabido esto. Mateo lo expone de manera brillante. Por consiguiente, debo desistir en eso de que soy nihilista; es obvio que tengo ciertas supersticiones rondando mis temores y que, me enorgullezco bastante de mi balanza. No obstante, en mi defensa, debo afirmar que tampoco es que esto me quite el sueño. Aunque me queden sólo 6 años de mala suerte.  Tuve el error de ver a mi esposa vestida de novia antes de la liturgia: son 7. Al igual que, dejé caer un espejo, y naturalmente se hizo pedazos, pero para mi desgracia: 7 más, que da un total de 14 años. Entonces me restan 6. A ver como los sobrevivo…

buhonero

El amuleto que llevo es Taino, me atrevo a asegurarlo por lo que me dijo el buhonero que se surtió de mi atrevimiento. Si algo no tolero cuando estoy en un Resort es que me vayan a vender disparates. Desde luego que entiendo por qué lo hacen, con lo que no estoy de acuerdo es con la política turística del país, porque una cosa es vender tradiciones, artefactos culturales, obras, mostrar a los turistas los servicios que ofrecemos y sacar beneficios de eso; y otra es, acosarlos de manera latente hasta que finalmente logres tu artimaña, y el único beneficiado en todo este entramado resulta el buhonero y sus jefes. Nadie más. Ni el turista y menos el país quedan satisfechos. A las culturas desarrolladas, de primer nivel, no les gusta la demagogia, asumo que a nadie, sino que éstos lo ven como un abuso del país y no únicamenteresorts de un individuo. De todos modos, en esto le creí: era Taino el amuleto que opté por comprar. Inquirieron $2,000 pesos dominicanos, todavía no había realmente dado mi acento; les dije: «mira, yo cuando salí de la Capital, tenía 12 años de edad, y puedo jurar que, Herrera, de donde vengo, no era uno de los barrios más malos de Santo Domingo en ese entonces, pero bueno tampoco era. Yo me crié, de seguro, peor que tú; a mí se me dio cocotazos, se me relajó y abusó, hice muchos manda’os, barrí muchas veces e hice filas para los intercambios de sopita Maggie, me desayuné pocas veces, envidié muchas cosas, pero me bañaba todos los días, aunque fuese poca el agua que a veces tenía que cargar o buscar, y estudiaba mucho. Yo vengo de un barrio, hermano, es lo que intento decirte. El hecho de que tú ambiciones venderme eso a al menos 1000% más del supuesto valor, me parece patético y oportunista. Yo no te lo voy a comprar. La idea de que uses la ignorancia de los turistas, para tu beneficio, dice todo de ti, del hotel que permite esto, del Estado cual único aparente interés es hacer ricos a sus funcionarios y no poner orden en este país». El comerciante me frenó e hizo un ademán de que callara el precio de mis verdades y concluyo: «¿Ey, hermano, y tú eres dominicano? Yo aquí pensando que eras alemán. Ese precio es para los turistas, a ti no, tú eres del patio. Dame $500 pesos y dejémoslo así». Le di $200. Sólo porque me gustaba el amuleto; algo me decía que debía tenerlo. Le di, naturalmente, los 1000% que supuse que debía ser reducido. Y ni hablar de la perorata que le esbocé por semejante argucia…

taino

El amuleto carga conmigo desde entonces —quiero pensar, aunque la semántica correcta debería ser, «lo cargo conmigo». Pero quiero creer, al menos para hablar de mi Bebeshito, que éste, el amuleto, «carga conmigo». De manera que, ahora que veo a mi nuevo retoño, un primor como le dice Mi flor, sosteniéndose de algo tan mío como de él, siento todavía más nuestra conexión. Mi amuleto, Taino, sigo creyendo, no porque sea originario de aquel entonces o que su madera sea de tal, sino porque al menos luce como esas reliquias de antaño; lo llevo colgado de mi cuello, y cuando le doy de comer al Bambino, él, para no caerse (ya se protege de la gravedad, tan raudo), se enclava a ese Nudo gordiano cual reto su padre le presenta… el bebé se bebe toda su leche y, después de sacarle las bolas de aires que se le cuelan al esófago o al estómago, el amuleto empieza a hacer su función: lo inclino, el se sostiene de allí también, y los sonidos cortan el Nudo, se desenreda y sonríe… El Bebeshito debe saber que, aunque él no sepa expresarse verbalmente, para eso está la cinésica, para que su padre empiece a entenderlo a él. Mi amuleto es tu amuleto, mi pequeño talismán.

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