¿Valoran los allegados?

Por, Luis Alberto Nina

Lo podríamos reducir al siguiente escenario: todos dentro de un salón, la muchedumbre se esparce de manera aleatoria, pero sólo una docena le celebra al joven la obtención de su nueva estatuilla. Y retirándose, mucho antes de que empezara la celebración, el resto de los invitados. ¿Quién es cuál de los dos grupos: los discípulos, o los más allegados? Hay doce que celebran y los otros son los que se marchan, como si la cercanía los aniquilara…

Hombre con estatuilla

Así resulta parte de la vida de este mundo: coexisten más cerca quienes quizá no deberían o los que menos se cree; y más lejos, aquellos que supuestamente lo darían todo por nosotros.

Me cuenta mi mejor amiga que uno de sus hijos, estadounidense, músico, graduado de Berklee, grabó recientemente un CD musical, conjunto con cuatro talentosos amigos, en un estudio en los que su padre grababa, de alto prestigio, localizado en California. Me dice que los años que su hijo le ha dedicado a ese proyecto han sido incalculables; la inversión económica, social y física. Y me recalca lo siguiente: «Con todas las personas que todos los integrantes conocen, se supone que el apoyo natural que irían a recibir, podía ser suficiente para empezar esa carrera musical de la que tanto han soñado por décadas».

Berklee Music

El hijo de mi amiga, un joven de creo 28 años de edad, toca guitarra, piano, tiene una voz formidable, profesor de música y, ha escrito y compuesto cientos de canciones en todo su trayecto, de las cuales, no podemos negar que hay muchas muy buenas, contagiosas…

—Ya el CD en manos, intentando promocionarlo —me comenta mi amiga, al menos a través de la ayuda de sus mismos amigos, de todos esos personajes que le imploraban éxito, que urgían por que todo estuviese listo para ser los primeros en la fila… a todos ellos, me pregunto, Luis Alberto, ¿dónde están?—

Les confieso que la pena que sentí fue sublime, más bien por el muchacho, al igual que por la impotencia de la madre; el saber que tanto brío, que semejante talento, que este joven ha ido a lo mas allá para empezar su carrera, y no ha recibido, hasta el día de hoy, ni un 1% del apoyo que supuestamente esperaba, partiendo del supuesto interés que sus allegados reiteraban antes de… los hermanos del muchacho, músicos cuatro de ellos, de igual modo, sí han valorizado el esfuerzo de él. Y la madre… bueno, es mi mejor amiga. Y no tengo amigos con semejante título si no son sensibles, justos, libertarios, respetuosos y/o positivos para la sociedad… todos, cabe decir, lo han apoyado de diversas formas… E independientemente que este escrito va dirigido a todo lo contrario que se ha organizado en el hogar de este muchacho, debo decir que todavía no es suficiente para tumbar mi teoría… La realidad es que, mientras más cercana es la gente a uno, menos apoyo le brindan cuando se procura el éxito. Sinceramente, ¡esto hay que vivirlo para creerlo!

Hombre toca guitarra

Y no es sólo de esta forma que ocurre. Solemos –de igual modo– aferramos más a quienes nos rechazan que, a quienes están siempre dispuestos para nosotros. La travesura no sucede sólo de allá para acá, sino en ambas direcciones. Es penoso ver cómo, los más allegados a uno, se molestan cuando perciben que se arrincona uno a un éxito individual o real; es como diría José Ingenieros, en su El hombre mediocre: «[…] El hombre mediocre entra en una lucha contra el idealista por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí».

Ésta es la verdadera humildad: aceptar los triunfos de otros, arroparlos como si fuesen nuestros. Entender que no todos estamos en el mismo nivel, como dice Jorge Lavat (en forma de paráfrasis lo expreso): uno siempre va a estar más bajo o alto que nosotros, y que tenemos que respetar eso, que compararnos va a hacernos perder más de lo que pensamos que ganamos.

Apoya a tus amigos

La idea es que si crees que vas a presenciar junto a ti –en el triunfo de tus esfuerzos– a tus grandes amistades, familiares, colegas, etc., te has equivocado. No busques a la gente «tuya» entre la muchedumbre de tus éxitos, búscala alejada, irreconocible, escabullida entre una torpeza y un reclamo, debajo de una perenne soledad y dos pausadas evasivas inalcanzables. Ahora, encuéntralas en tus fracasos, serán las primeras en la fila, pegada a ti, intentando asfixiarte quizá, buscando la manera de decir, «te lo dije», «yo, el gran sabio de la vida, el que más sé, el del utroque jure. No me equivoco… ¡te lo dije!»… Después no me creen cuando digo que, ¡este mundo está más al revés que al derecho!

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